1937: Largo Caballero, Mussolini y la Operación Schulmeister
El episodio se conoce como Operación Schulmeister y ha sido investigado especialmente por el historiador Manuel Aguilera Povedano a partir de documentación conservada, entre otros lugares, en el Archivo Histórico Nacional, la Hoover Institution de Stanford y archivos diplomáticos italianos. Su investigación académica está depositada también en la Universidad Pontificia Comillas.
La situación era esta. A comienzos de 1937, el Gobierno del socialista Francisco Largo Caballero buscaba desesperadamente una fórmula para conseguir que Italia y Alemania dejaran de ayudar a Franco. El embajador republicano en París, el socialista Luis Araquistáin, pensó que los intereses de Hitler y Mussolini podían ser más estratégicos que ideológicos: si Franco podía ofrecerles ventajas, quizá la República pudiera ofrecerles más.
El intermediario fue José Chapiro, cuyo nombre en clave era precisamente Schulmeister. El 9 de marzo de 1937 remitió un informe sobre sus conversaciones con un intermediario italiano. Ese documento existe y está localizado en el Archivo Histórico Nacional, dentro del archivo de Araquistáin.
Se manejaron como moneda de negociación Baleares, Canarias y el Marruecos español. En las conversaciones con Italia aparecieron fórmulas como bases aéreas italianas en Baleares, colonización económica y demográfica italiana y el establecimiento de una importante población italiana en territorio español. Las fuentes hablan incluso de hasta 200.000 emigrantes italianos, distribuidos entre Baleares y la Península.
También hubo contactos con Alemania. Y aquí aparece Canarias. Una carta posterior de Federica Montseny a Burnett Bolloten, fechada en 1950 y conservada en Stanford, confirma que dentro del Gobierno llegó a plantearse la posibilidad de ofrecer Baleares o Canarias. Los alemanes mostraron mayor interés por Canarias; los italianos, por Baleares.
Resumiendo:
El Gobierno republicano de Largo Caballero autorizó en 1937 negociaciones secretas destinadas a retirar a Italia y Alemania de la Guerra Civil, en las que se contemplaron concesiones territoriales y militares en Baleares, Canarias y el Marruecos español.
Está documentado. La propia Biblioteca del Ministerio de Asuntos Exteriores resume la investigación diciendo que el Gobierno republicano «activó la Operación Schulmeister» y que se planteó «la cesión de territorios como las Baleares, Canarias o el Marruecos español».
La operación terminó encallando. Alemania llegó a exigir que la propuesta republicana constara por escrito, algo que los intermediarios republicanos no quisieron proporcionar. Y en mayo de 1937 cayó Largo Caballero y fue sustituido por Juan Negrín, con lo que aquella operación concreta quedó truncada.
La investigación publicada sobre Schulmeister sostiene que, después del fracaso de las conversaciones con Italia y Alemania, permaneció abierta la posibilidad de efectuar ofrecimientos al Reino Unido y Francia para conseguir su apoyo.
En este caso, aunque el presidente era el socialista Juan Negrín, el que llevó las negociaciones fue el Ministro de Defensa, el también socialista Indalecio Prieto. Existieron propuestas de cesión de bases y concesiones estratégicas, pero no llegó a formalizarse una transferencia de soberanía.
Hace apenas cinco días, el 5 de septiembre de 2026, se publicó un artículo sobre la Operación Schulmeister a propósito precisamente de Ceuta, recuperando la documentación de Araquistáin y estas negociaciones de 1937.
Por cierto, el libro que concentra la investigación es El oro de Mussolini. Cómo la República planeó vender parte de España al fascismo, de Manuel Aguilera Povedano (2022). No es simplemente un libro de divulgación basado en rumores: el trabajo remite a documentación concreta del Archivo Histórico Nacional, Hoover Institution y Ministerio de Asuntos Exteriores italiano.

Y entonces aparece nuestra Cartagena…
Con Negrín continuó la búsqueda desesperada de una intervención de las democracias occidentales. La investigación de Aguilera identifica entre la documentación localizada una propuesta de cesión de Cartagena y Mahón a los británicos. El objetivo era atraer al Reino Unido hacia la causa republicana mediante concesiones estratégicas en dos de los principales puntos navales del Mediterráneo español. Y no eran precisamente dos puertos deportivos para amarrar el yate.
Cartagena era la principal base naval de la República, sede fundamental de la flota y dotada de un formidable sistema de defensa costera; Mahón tenía también una extraordinaria importancia estratégica por su posición mediterránea. La documentación académica sobre la base cartagenera la describe como el principal enclave naval republicano durante la guerra.
1938, Indalecio Prieto: continuó la búsqueda de una implicación franco-británica y existen documentos relativos al ofrecimiento de Cartagena y Mahón como concesiones estratégicas para conseguirla.
Lo que sabemos documentalmente
El episodio ocurrió en febrero de 1938. Prieto mantuvo conversaciones con dos militares británicos, el coronel Robert Goddard y su ayudante Pearson. La historia era conocida desde hacía mucho tiempo porque la contó el capitán republicano Alberto Bayo, que aseguró haber presenciado la conversación.
Durante décadas existía un problema: Bayo detestaba a Prieto, por lo que su testimonio podía considerarse interesado. Pero posteriormente apareció algo mucho más importante: el informe que el propio Goddard envió al Gobierno británico.
Está fechado el 1 de marzo de 1938 y se conserva entre los documentos del Foreign Office británico, referencia FO 371-W2870. Goddard comunica a Londres que Prieto había ofrecido «los puertos de Cartagena y Mahón en momentos de necesidad». También informa de que Prieto volvió a preguntarle si Gran Bretaña era favorable a la causa republicana y deseaba una visita de la flota británica a Menorca, porque serviría de contrapeso a la presencia italiana en Mallorca.
Es decir, aquí ya no dependemos solamente de «lo contó fulano cuarenta años después». Existe confirmación contemporánea del receptor británico de la oferta.
Y Bayo cuenta todavía más
Según Alberto Bayo, la propuesta que escuchó de boca de Prieto era más amplia. Incluía Vigo, Cartagena y Mahón.
Bayo atribuye a Prieto unas palabras inequívocas: si Inglaterra proporcionaba a la República la victoria, España, por mediación suya, «entregará a Inglaterra» esos tres enclaves estratégicos. Cartagena aparece caracterizada como una base prácticamente inexpugnable; Mahón, como una posición excepcional en el Mediterráneo, y Vigo proporcionaría a la Royal Navy una magnífica posición atlántica.
Prieto habría añadido que con esos tres puntos Gran Bretaña reforzaría su posición en el Mediterráneo y el Atlántico y España quedaría bajo protección británica, alejándose además de la influencia soviética.
El informe británico confirma Cartagena y Mahón; la inclusión de Vigo y algunos detalles más extensos proceden del relato de Bayo. Por tanto, Cartagena y Mahón tienen una corroboración documental particularmente fuerte.
¿Qué pretendía Prieto conseguir?
No era una ocurrencia extravagante sin contrapartida. Era una oferta desesperada para conseguir que Gran Bretaña abandonara la política de no intervención y ayudara militarmente a la República.
Y estratégicamente tenía bastante lógica desde el punto de vista británico. Basta mirar el mapa:
Gibraltar + Cartagena + Mahón habría proporcionado a Gran Bretaña una cadena formidable de posiciones en el Mediterráneo occidental. Y si añadimos Vigo, también una base excepcional sobre el Atlántico.
Además, los republicanos estaban muy preocupados por la presencia italiana en Mallorca. El propio Goddard escribió que una presencia naval británica en Menorca serviría para neutralizar la ocupación italiana de Mallorca.
Por eso Cartagena no era una ficha cualquiera. Era una de las joyas militares de la corona republicana.
La documentación británica conocida utiliza una formulación que puede traducirse aproximadamente como que Prieto ofrecía los puertos para su utilización británica cuando fueran necesarios. El investigador Manuel Aguilera interpreta el episodio como una disposición a ceder soberanía española a cambio de la intervención británica.
Otros relatos modernos van más lejos y hablan expresamente de cesión permanente de soberanía, aunque esa formulación es más contundente de lo que permite demostrar por sí sola la frase conservada en el informe de Goddard.
Así que, dicho en cristiano, Prieto ofreció Cartagena y Mahón a Gran Bretaña como precio político y estratégico para conseguir su intervención a favor de la República.
¿Y qué dijeron los ingleses?
Aquí llega una parte casi humillante para Prieto: Nada.
El Gobierno británico ni siquiera respondió a la oferta. Goddard la transmitió a Londres, pero Gran Bretaña no modificó su política ni acudió militarmente en ayuda de la República.
Y esto encaja con el contexto internacional de 1938. Londres tenía muchísimo más interés en impedir que la Guerra Civil española desembocara en un enfrentamiento europeo abierto que en salvar militarmente a la República.
Manuel Azaña, presidente de la República, también contempló la presencia británica y francesa en Cartagena y Mahón, aunque con una finalidad diferente: que Francia y Reino Unido se hicieran cargo de ambas bases para equilibrar las posiciones de Franco en Ceuta, Málaga y Palma y facilitar una paz negociada. Esto aparece incluso en la biografía institucional de Azaña publicada por La Casa de la Arquitectura.
Por tanto, Cartagena apareció más de una vez como moneda estratégica durante aquellos meses finales de la guerra.
¿Alguien se sorprende mucho ahora de que los socialistas quieran vender trozos de España a cambio de seguir un ratito más en el poder? A mí, no.