Es de noche. Parte de la sociedad duerme. La otra parte no pega ojo pensando cómo llegar a fin de mes o qué nuevo impuesto se inventará el amado caudillo.

En la Moncloa, una guardia hace su ídem. Al pasar por un pasillo, que para eso están, para pasar, pero no pasar de ellos sino pasar por ellos, se fija en algo pequeño que brilla.

la guardia, se acerca lentamente, con precaución y paso toreros por el pasillo (no en vano, la palabra pasillo procede del paseíllo de la tauromaquia) para ver qué es aquella extraña cosa. Cuanto más lo estudia menos lo entiende, le ocurre a como a mí con las leyes progres.

Es una cosa rara, como si fuese un ojo que lo observa a él, y parece tener vida, porque se mueve. Y parece que la rehúye. La guardia no es especialmente lista ni valiente, está ahí por razones de cuota, paridad y todas esas cosas. Pero sabe que, si algo marcha mal, tiene que dar aviso. Y lo da.

Se encienden todas las alarmas -al parecer estaban apagadas para gastar poco, ser sostenibles y salvar al planeta- llaman a los GEO, si es que existen o se llaman así todavía, se reúne el Gabinete de Crisis y se preparar incluso el Falcon, por si hay que salir zumbando a la República Dominicana.

Pero lo más urgente es identificar esa cosa (o coso, o cose, porque no se debe asumir su género impunemente). Han llamado a los expertos del Comité del Covid pero, claro, no ha venido nadie porque era un Comité inventado. Llegan ministros, ministras y ministres. Nadie sabe qué es aquello. El Presidente ha venido incluso sin quitarse del todo su mascarilla de ácido hialurónico. Es muy guapo, guapísimo. Pero tampoco sabe lo que es.

Surgen multitud de teorías ¿será cosa de Putin? ¿una nueva conspiración de la ultraderecha? ¿alguna treta de Ayuso? ¿otro efecto secundario de las vacunas? ¡Que alguien piense algo, por Alá!

  • Que raro es todo esto. Eso parece una piedrecilla.
  • ¡Pues habla con alguien tú, que para eso te hice ministra de ciencia!
  • Tengo algún conocido que a lo mejor sabe algo. Pero conste que es extrema derecha…
  • Eso ahora da igual. Entérate de qué es esto, antes de que se me estropee el bótox con la cara de susto que se me está poniendo.

Al poco, vuelve la ministra, con una sonrisa de oreja a oreja.

  • Ya he hablado con él. En cuanto le he dicho que parece una piedrecilla lo he puesto en la pista. Me ha dicho que es un escrúpulo, del latín scrupulus.
  • ¿Y qué es un estrúpudo? -pregunta el ministro de transportes, sin soltar la banana que se está comiendo.
  • ¡Escrúpulo, idiota, escrúpulo! -dice el ministro de cultura- que ha leído cosas-. Nunca había visto ninguno, pero son esas dudas o recelos que asaltan las personas decentes, sobre si algo es bueno o no, si se debe hacer o no desde el punto de vista de la moral.
  • ¡¡¿Quién tiene aquí escrúpulos?!! -Pregunta rojo de ira el presidente (a la mierda el ácido hialurónico)-. ¿¿Cómo se puede consentir que en este gobierno alguien tenga dudas desde la moral??
    • (¿Qué es la moral? pregunta por bajini la vicepresidente segunda)
  • ¿Os imagináis lo que puede pasar si empezamos a tener escrúpulos con pactar con terroristas, con devolver la igualdad a los hombres, con permitir que las familias eduquen a sus hijos como quieran, con dejar que la lengua castellana se utilice libremente? ¿Os dais cuenta del peligro de tener escrúpulos en que las diferentes regiones del estado tengan los mismos derechos? ¿Comprendéis el problema de tener escrúpulos a la hora de gastar el dinero en coca y putas, o en regar con dinero público los medios de comunicación, o en mantener y aumentar los chiringuitos y apesebrados sindicales? Esto puede ser el fin de mi rein… de mi presidencia. Me voy a meditar durante cinco días y quiero que al fin de ellos, el que tenga escrúpulos lo confiese y me presente su dimisión irrevocable. ¡He dicho! Y que llamen a mi maquilladora ahora mismo.

No hacen falta los cinco días. Al día siguiente se presenta el gabinete entero, satisfechos y satisfechas, relajados y relajadas, sonrientes y sonrientas.

  • Misterio aclarado, líder amado. -Dice el ministre del interior- No hay ningún miembro del gabinete ni de sus asesores cercanos que tenga el menor escrúpulo. Todo este lío ha sido ocasionado por una mujer de limpieza nueva, muy escrupulosa, que al parecer no había sido detectado por los servicios de información y empezó a trabajar ayer. Al parecer tiene tantos escrúpulos que se le cayó uno antes de finalizar su jornada. Ya ha sido detenida y se le ha abierto expediente.
  • Bien. Retiraos, y que no se vuelva a repetir. -Dijo el líder mientras se dibujaba una ligera sonrisa de alivio en la comisura de su preciosa boca.

¡Mira que es guapo!

por Marlo

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