Vidas poco ejemplares: Carlos Marx

                Cuando la gran Peste Negra que asoló Europa, Nostradamus se dedicó a curar a los enfermos. Incluso creó una especie de elixir a base de pétalos de rosas para combatir la epidemia que no se sabe si fue muy útil pero, al menos, no hacía daño.

                El de Notre Dame, que también parece que era descendiente de judíos, tenía a veces visiones donde se le aparecían escenas del mundo futuro. Marx también tenía visiones, aunque eran producidas por el alcohol, ya que sus borracheras fueron épicas toda su vida. Pero mientras que Nostradamus acertó algo a veces, Marx no dio ni una.

                ¿Por qué he elegido a Nostradamus para compararlo con el protagonista de esta entrada? Porque fueron dos visionarios pero mientras que uno, pese a no haber hecho daño a nadie, y haber acertado algo -aunque poco- tiene una fama de risa y se utiliza en tono de broma para burlarse de quien cree ver el futuro.

En cambio, el otro, con las incontables víctimas, no suyas directamente sino de sus discípulos, y de haber fallado en todas sus previsiones, además de ser un abusador sexual, machista, borracho, putero y parásito, goza de buena fama entre millones de personas. A partir de ahora me centraré en el creador de la ideología más nefasta de la humanidad.

Vida poco ejemplar

                El bueno de Carlitos tuvo 6 hermanos, nació el 5 de mayo de 1818, hijo de un judío liberal y abogado. O sea, nació en una familia burguesa, no proletaria, y no pisó el campo, una fábrica o un taller en su vida aunque le organizó la vida a millones de trabajadores y proletarios.

                Se matriculó en la Universidad de Bonn en 1835, aunque estuvo sólo un año, hasta que lo expulsaron por borracho y desórdenes públicos. En ese tiempo sí que logró “titularse” como dirigente de un club de bebedores.

                Al año siguiente se fue a la Universidad de Berlín y se matriculó en filosofía y leyes. Allí en Berlín fue encarcelado por llevar armas, por embriaguez y por protagonizar alborotos. En aquella época se prometió con Jenny von Westphalen, una aristócrata mayor que él, con el disgusto de los padres de ella. Se avecinaba un braguetazo.

                En su época de estudiante, cuando vivía de su padre, éste se lamentaba de haber sido demasiado generoso con él y por la correspondencia entre ellos, ya que escribía al padre pidiendo dinero, se desprende que Marx gastaba aproximadamente 4 veces más que la media de un estudiante de aquel tiempo.

Pese a ello, fue denunciado varias veces por no saldar sus deudas. ¿Y cómo gastaba tanto? Puede servir de pista el que, cuando falleció el padre y él heredó una pequeña fortunita, se la fundió rápidamente en fiestas, alcohol y burdeles. Si hubiese existido entonces, Carlos habría encajado muy bien en el PSOE andaluz.

                A la muerte del padre, Marx comenzó a vivir a costa de su madre. Como era muchas cosas, pero tonto no, se graduó en filosofía en 1841 y al año siguiente se trasladó a Colonia donde comenzó a escribir en la revista La Gaceta Renana, pero el estado censuró la publicación y Carlos dimitió.

Tenemos boda

                En 1843 se casó con la burguesa baronesa Jenny ¡por la iglesia! En cuanto estuvieron casados le pidió a su esposa que se hiciese cargo de sus deudas. Además, recibió una dote de su suegra por la boda y también se la liquidó rápidamente. Ese mismo año 1843 se declara comunista.

Al año siguiente se traslada a París y se inicia su amistad con una persona importante en su vida: Federico Engels. Otro al que explotó en todos los sentidos. Su siguiente destino fue Bruselas, al ser expulsado de Francia, en 1845. En 1847 se va a Londres y entra en contacto con una sociedad secreta “La Liga de los Justos”.

Como escribir se le daba bien, los miembros de la sociedad le encargan que redacte los estatutos de la misma y lo hace. Esos estatutos se publicarán en 1848 con un nombre archifamoso ya: “Manifiesto Comunista”.

                Sigue su vagabundeo y en 1849 vuelve a Alemania, se hace cargo de nuevo de La Gaceta Renana, pero fuelve a fracasar. Vuelve a ser expulsado por bueno y se marcha a Francia. Después lo expulsan de Francia y regresa definitivamente a Londres.

                Como lo suyo no era trabajar sino organizar revoluciones, visitar burdeles y embriagarse siguen años de pobreza y miseria, viviendo de los demás. Vivió unas veces a costa de su padre, otras de su mujer, otras de amigos…

Incluso rechazó un trabajo para dar clases en una academia que había en su propia calle, aunque no tuviese suficientes recursos para mantener a sus hijos. Tuvo 7 legales con Jenny y cuatro de ellos murieron siendo pequeños entre penurias, de frío y necesidades.

En 1850 murió un varón con un año. Murió en 1852 una hembra también con un año. Y en 1855 murió otro varón con 8 años. De los que llegaron a adultos, una -Jenny- murió de cáncer en 1883 y dos se suicidaron. Una de ellas, Eleonor, se mató en 1898 cuando supo que su marido, también comunista, se había casado con una amante.

La hija restante, Laura, casada con el periodista y revolucionario Paul Lafargue, se suicidó con él en 1911. Lafargue era de franco-cubano y ese origen caribeño le valió epítetos de su suegro como “negrillo” o “gorila”. ¿Era racista también Marx? Sí, también. Paul Lafargue escribió varias obras, la más conocida fue “El derecho a la pereza”. Lo de trabajar en aquella familia, como que no.

Marx tuvo otro hijo, que nunca reconoció, con la criada de la casa Elena Demuth, a la que no pagaba y tenía en régimen de semiesclavitud. En un viaje de su esposa Jenny a Holanda para intentar conseguir recursos con los que mantener la vida de Marx, él aprovechó para dejar embarazada a la criada. ¿Entonces Marx era un abusador sexual también y explotador laboral? Pues sí, también.

Lo tenía todo aquella llama que iba a iluminar a medio mundo. También intentó abusar sexualmente de una sobrina suya.

El hijo que tuvo la criada, consiguió que fuera aceptado como propio por Engels, para evitar el escándalo. Aunque aquello ocasionó graves problemas con la esposa y el propio Engels. Mientras estuvo en Londres vivió casi siempre a costa de Engels.

Para que no estuviera pidiéndole dinero siempre, Engels terminó por ponerle una pensión anual de 6.000 marcos o el equivalente en la moneda que fuese (en aquel momento se inventó la “paguita” progre).

Pero aquello tampoco era suficiente para Marx. Cuando murió su madre, pidió dinero a Engels para poder viajar… ¿al entierro? No, a cobrar la herencia.

El tío de Engels era León Philips, el creador de la famosa marca. También de Philips recibió dinero Marx. El “inventor” de la abolición de la propiedad privada explotaba a todo el que le rodeaba.  

De 1863 a 1865 la primera versión de su obra más conocida “El Capital”. En 1866 se publicó el tomo I. Escribió los tomos II y III de forma irregular y sin constancia.

Algunas de sus frases más famosas son plagios. ¿Plagiador también? Sí, también. Era un progre perfecto. Seguramente estas frases le sonarán conocidas y las atribuirá a Marx:

  1. Los proletarios no tienen nada que perder, salvo sus cadenas.
  2. La religión es el opio del pueblo.
  3. Trabajadores del mundo, uníos.
  4. De cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad.

La 1 es del revolucionario francés Jean-Paul Marat. La 2 es del poeta y ensayista alemán Heinrich Heine. La 3 es del sindicalista y socialista alemán Karl Schapper. La 4 es de Louis Blanc, político e historiador socialista y masón francés, aunque nacido en Madrid.

 El padre del feminismo marxista actual era también un machista de tomo y lomo. Cuando nació una de sus hijas escribió en una carta “Mi esposa ha dado a luz un bebé. Desgraciadamente es una niña”. Una joya.

Tumba de Karl Marx
Tumba de Karl Marx con la frase de Karl… Schapper.

Murió el 14 de marzo de 1883. Su tumba está en Londres. En ella está grabada la famosa frase de… Schapper.

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