Sí, ese famoso principio que dice que «un cuerpo total o parcialmente sumergido en un fluido en reposo, experimenta un empuje vertical hacia arriba igual al peso del volumen de fluido desalojado por el cuerpo»
Arquímedes
Porque, efectivamente, señoras y señores, éste es Arquímedes. Parece mentira que una cabecita tan pequeña pueda desarrollar tanto, pero en los ojos se le ve que es muy inteligente.
Hace pocos días publiqué una entrada en que hablaba, entre otras cosas, de las falacias.
Hay muchas, muchísimas, y están estudiadas desde hace siglos. Una de ellas, muy utilizada, es la falacia del «hombre de paja«, llamada también «del espantapájaros» o «ignoratio elenchi». La mayoría tienen nombres en latín, dada su antigüedad.
El hombre de paja
Cada falacia es un argumento que parece válido, pero no lo es. En el ejemplo, el pobre espantapájaros está para espantar a los pajaritos que arruinan las cosechas, pero su adversario «interpreta» esa acción contra todo lo que vuele, como la aeronáutica y, por extensión, incluso a los avances de la humanidad.
Se utilizan continuamente por todos, a veces involuntariamente y, la mayoría de las ocasiones, con toda intención. Los auténticos especialistas son los periodistas y los políticos; es decir, la gente que más miente por sistema o como medio de vida.
En la foto publicada ayer dije que era delito ir a Sevilla y no pasear por el barrio de Santa Cruz.
Y claro, si uno recuerda el archifamoso bolero «Dos cruces» escrito por Carmelo Larrea en 1952, una vez en Santa Cruz, hay que ir a la plaza de Doña Elvira, y allí fuimos.
Los progres están fatal, es imposible sorber y soplar a la vez por la pajita, pero esta ideología de baratillo que se ha ido implantando lleva a eso, a defender una cosa y la contraria y, claro, son carne de psiquiatra.
Por la mañana en contra, a mediodía a favor, de noche al psiquiatra.
Por la mañana claman contra los curas pederastas y el velo que la iglesia ha echado sobre ello en la mayoría de los casos (y yo me sumo a ese clamor). Pero al mediodía hablan algunos de la «sexualidad intergeneracional», que es como se dice en jerga progre la pedofilia/pederastia. Es algo que, como tantas otras cosas, nos va llegando poco a poco, para que vaya calando y la sociedad lo vea como algo normal, siguiendo las teorías de Gramsci.
Claro, por la noche, la cabeza explota y hay que ir al psiquiatra a intentar poner en orden ese caos. Lo dicho, los progres están fatal.
Ínsua contra los fantasmas. Descubrí a Pedro en un artículo de prensa, en que me llamaba la atención que un tipo de izquierdas defendiese la unidad nacional, algo igual de difícil de encontrar que un trébol de cuatro hojas.
Su apellido, Ínsua, deriva de ínsula (isla) y quizás sea una premonición, ya que los que reivindican nuestro pasado brillante en clave izquierdista son pequeñas islas en un océano inmenso de derechas. Es profesor de filosofía.
Luego fui viendo algunas charlas suyas en Youtube, así como intervenciones en televisión. Supe así que pertenece a la escuela de materialismo filosófico de Gustavo Bueno.
Me he hecho «insuísta», algo que no existe, creo. Vamos, que me cae bien y lo sigo en la medida que me es posible.
No le gusta Vox, lo cual es perfectamente respetable. Pero parece que tiene alguna fijación con ellos, ya que cada vez que entro en Facebook encuentro un ataque suyo al partido de Abascal.
Caricatura de Ínsua contra los fantasmas
Como suele ser habitual en mí cuando algo me hace tilín, se me despertaron las ganas de hacerle una caricatura. Y aquí está.
Insúa contra los fantasmas.
Ahora, marzo de 2019, ha sacado un nuevo libro, sobre la vuelta al mundo de Magallanes y Elcano, aprovechando el quinto centenario de la gesta. Se titula «El orbe a sus pies«.
Yo ya lo tengo, pero aún no lo he podido leer. Padezco esa afección o enfermedad que los japoneses llaman Tsundoku y que hace que compres más libros de los que puedes leer.
Son ya muchos los que sé que no podré leer. Moriré antes. Sólo con los que tengo ya me llegará la parca antes de que los termine, y aún así, sigo comprando.
Volviendo al de Ínsua, Yo, de vosotros, lo compraría. Tengáis Tsundoku o no.