Según el Doctor Cum Fraude y la presidente de Red Eléctrica, nunca podría haber un apagón en España porque teníamos la mejor red del mundo.
Pero, por esas cosas que pasan, seguro que por culpa del machismo, que subiría tres puntos en la escala de Richter o la resiliencia que se resintió un poco, el caso es que nos quedamos a oscuras.
La luz volvió, sí, gracias a las centrales nucleares francesas. Pero nosotros seguimos a oscuras.
Al menos tenemos el orgullo y honor de ser el único país del mundo (repito: el único del mundo) que se sigue oponiendo a la energía nuclear.
Que el símbolo de los sociatas sea un capullo no es casualidad.
Dice el rojerío o parte de esa hez que se va de Twitter porque, al haberlo comprado Elon Musk, ya no pueden hacer lo que quieran y putear a los que piensan distinto.
Muchos han elegido (eso dicen) Bluesky para ir a poner ahora sus cagaditas de rata.
La verdad es que lo dudo. Dudo más que Los Panchos de cualquier cosa que diga esta caterva de tontosdelglande pueda ser verdad.
Lo que hacen es llorar e intentar dar penica, que para eso se dan mucha maña.
Hay un 10% de la población mundial informándose de lo que ocurre a su alrededor.
Y un 90% viendo memes en el Whatsapp, la televisión y culpando a la extrema derecha hasta de la muerte de Manolete.
Golpes de estado, corrupción, traiciones, corrupción, mentiras, corrupción, torturas, ¿he dicho corrupción?, que no se me olvide, terrorismo, corrupción, asesinatos, corrupción, pistolerismo, no recuerdo si he dicho la corrupción, que es masiva, fraudes, corrupción, robos, corrupción, pucherazos… ah, sí, y mucha corrupción.
Da igual lo que hagan. Hay gente que seguirá votando lo mismo por:
Las modas cambian, el lenguaje también, pero la estupidez perdura.
Hace tiempo, la Inquisición obligaba a algunos que habían cometido (según ella, claro) ciertas faltas o pecados a llevar una especie de cucurucho en la cabeza para que la gente supiese de su falta y se burlase de él. Igual que los nazis ponían la estrella amarilla a los judíos o los covidianos querían marcar a los que no se habían vacunado, para su escarnio y limitar sus derechos.
Con el tiempo, se llamaba tonto de capirote a cualquiera que no fuese muy despierto. Cosas de niños y de colegios. Ahora ya han desaparecido los tontos de capirote. Aunque no los tontos, claro.
Y por aquello que decía que las modas y lenguaje cambian, ahora se utilizan palabras a barullo que vienen a salvar el planeta. Las puede encontrar en cualquier sitio, especialmente en la televisión, en la radio, en la prensa o cualquier medio de comunicación. Pero si no quiere molestarse, basta con que abra el frigorífico y se encontrará «cienes» y «cienes»: resiliente, inclusivo, sostenible, friendly, plural, paritario, reciclable, integral, etc.
Todo esto, que no sirve para salvar al planeta de nada, pero sí pero para quedar bien y sacar pasta al consumidor y, tendría un pasar si ese pobre consumidor tragase, pagase y a otra cosa. Pero lo malo es que la mayoría (que se va reduciendo, gracias a Dios) se lo cree.
Y se siente superhéroe defensor del planeta cuando ve que el tapón del yogur es de origen vegetal y que, además, ahora va pegado (incomodísimamente) a la botella, «para facilitar su reciclaje». Quizás no sepa que toda esa basura -que eso sí que es un problema y no el cO2- en lugar de reciclarse, como prometen, se manda en contenedores a países del tercer mundo. Y por allí andan esos tapones, unidos o no a la botella.
Y el consumidor, ese superhéroe anónimo, se siente feliz cuando lee resiliente aunque no sepa lo que es. Vamos que tiene capacidad de adaptación a una situación diferente.
Las cosas cambian, pero los tontos sobreviven. Tontos de capirote, pero resilientes.
La gente ya no se fía de lo que encuentra en el supermercado.
La obsesión de la Unión Europeda (no es un error) por eliminar el sector primario nuestro e introducir el procedente de desiertos y sabanas, plagados de productos químicos prohibidos aquí, pero autorizados allí, las cagaleras -cuando no algo peor- que sufren algunos consumidores al ingerir productos regados con aguas fecales y un sinfín de barbaridades más, ha conseguido que el personal ya no pregunte el precio, la calidad ni la variedad, sino la procedencia de los tomates o las judías.
Y no nos fiamos ni cuando nos dicen que son de España, para qué nos vamos a engañar.
A alguien, poco afortunado en ese instante, se le ocurrió llamar «caja tonta» a la televisión. Y tuvo éxito. Mucha gente la llama así desde entonces.
Pero es un error. No es nada tonta. Los tontos, bobos, estúpidos, necios, lelos, memos, simples, cortos, imbéciles, idiotas, mentecatos, majaderos, merluzos, tardos, tarados, atrasados, desequilibrados, ingenuos, y algún otro sinónimo que se me olvida son aquellos que se sientan frente a ella y TRAGAN todo lo que les echan.
Sin criterio, sin contrastar, sin leer, sin estudiar… Lo que diga la tele es palabra de Dios. Lo que no sale por la tele no existe. Y lo que salga es la puriquita verdad.
Habrá que comprar palomitas. El islam se extiende por Occidente, favorecido por la religión Woke. Están locos, aunque eso ya lo sabíamos.
Son incompatibles entre sí. Nosotros, los que no somos ni una cosa ni otra, estamos en franco retroceso (alta mortalidad, baja natalidad, leyes de género, aborto, eutanasia, vacunas forzosas, discriminación a los heteros, blancos, católicos, etc.) Gracias, Sr. Soros, gracias Sr. Gates, gracias Sr. Schwab, gracias Sr. Thedros, gracias Sor Úrsula…
Todo va a a ser malo para nosotros. Pero si algo bueno hay será ver el choque entre los de la religión de la paz y amor y los guerreros del arco iris.