La rana hervida

Las ranas que se convirtieron en ovejas

Mucha gente se pregunta cómo es posible que nos vayan quitando todas las libertades con la excusa del «estado de alarma», al mismo tiempo que se pregunta cómo es posible que nadie haga nada por impedirlo. Y la mejor explicación es la de la rana hervida, que también es conocida por muchos pero no por todos. Para esos que aún no lo saben, vaya la explicación.

Si intentásemos hervir una rana viva, de golpe, no lo lograríamos. En el momento que percibiera el agua hirviendo, saltaría y escaparía. Pero si se pone en agua a temperatura ambiente, y esperamos a que el animal se tranquilice, no ocurre nada. Luego se va elevando poco a poco la temperatura del agua y el animal hasta se encuentra a gusto con la situación. Cuando aumentemos la temperatura definitivamente, el animal ya no tendrá fuerzas para oponerse, se quedará en la olla y, finalmente, hervirá.

La tele ayuda mucho a que las ranas estén contentas, con su fútbol cada día, con su sálvame de luxe, con sus hermanos mayores y grandes hermanos. Y las ranas cada vez más estúpidas, menos ranas y más ovejas.

Por eso el gobierno riega las televisiones con millones de «ayuda» y publicidad institucional.

Ya empieza a oírse el agua hervir pero, tranquilos, es el agua. La sangre ya no hierve en España. Eso era antes.

Una explicación más sofisticada pero menos graciosa que la de la rana (que además es falsa, porque ni las ranas se quedarían dentro de la olla) es la doctrina del shock.

La maldición de Tito Paco

La maldición de Tito Paco. Cuando Lord Carnarvon la palmó, después de haber patrocinado el sacar la momia de Tutankamon, pensaron que había sido una casualidad. Luego empezaron a caer como moscas diferentes personas relacionadas con aquella profanación. Porque por muy arqueológica que sea sacar a un muerto de su descanso es una profanación, amos, no me jodas.

Luego Arthur Conan Doyle, sí, el creador de Sherlock Holmes, que por aquella época era muy creyente en espíritus, ya que tuvo otros momentos en que no, dijo que era un castigo por dicha profanación y la leyenda de la maldición se expandió como un virus. Exacto, como el Covid-19.

Jugándose las maldiciones al póker.

Los que no creen en maldiciones de espíritus dijeron que era cosa de unos virus que habían dormido el sueño de los justos junto a la momia del faraón y se habían escapado de la tumba al abrirla. Hongos, bacterias, virus, algo así. Como el Covid-19.

Por cierto, que ahora dicen que es más correcto decir «la» Covid-19. Pensaba que era otra majadería de esas de la paridad y que había que nombrar a los virus unas veces en masculino y otras en femenino, como hacen ahora con los huracanes, pero no, es que la D final es de «disease» en inglés, o sea: enfermedad. Y eso es femenino. Pero el virus es masculino. Hay que ver lo que inventa la gente para complicarlo todo. Sigamos.

Cuando el Doctor Pedro Sánchez empezó a juguetear con la idea de desenterrar a Franco, le oí decir en radio a Federico Jiménez Losantos que se estuviese quieto porque podía caer sobre él la maldición de Frankocamon, como le había ocurrido al lord inglés. Federico lo dijo con palabras un poco menos amables y con mucha más gracia, como suele ser habitual en él. Al final, el gran estadista Sánchez, como es natural, no se dejó amilanar por aquella posible maldición y, alentado por su Gran Visir Iznogud, exhumó al Tito Paco.

Comenzó el gobierno socialcomunista a mandar y estaban ellos en sus cosas cuando llegó el/la Covid-19 y se puso a echarles una mano en su tarea de destrozarlo todo. Tanto les ha ayudado que está incluso, a estas fechas, maquinando en cargarse al propio gobierno.

A ver si es que las maldiciones de las momias funcionan y era el creador de Sherlock Holmes quien tenía razón. ¡Elemental, querido Frankocamon!

Después de escribir estas líneas, he visto que Los Meconios, grandes, han hecho algo parecido, en su inigualable estilo.

Amenábar ve muertos

Amenábar ve muertos. A veces, supongo. Sería horrible que fuese siempre.

El director de «Los otros», aquella buena película que tuvo la mala suerte de coincidir en el tiempo con «El sexto sentido» tocando un tema parecido, dice que «el fantasma de Franco flota entre nosotros«. Vamos, como el niño de su película rival, está viendo muertos a su alrededor.

A veces, ve muertos
El niño del séptimo sentido

 

Quizás por eso, porque Amenábar ve muertos, el espanto de ver al difunto décadas después de enterrado (aunque parece que están a punto de sacarlo) le ha provocado cometer tantos errores al hacer su película sobre la guerra civil española, ya que no hay un director progre que tenga una -o dos- sobre ese asunto.

¿O no son errores involuntarios? ¿Serán subvencionados? Quién sabe.