¡Mehr Licht!

Estaba yo pensando lo caro que se ha puesto el tocino cuando… no, es broma.

No me preocupa el precio del tocino porque no como carne, pero es una frase con que empezaba uno de los monólogos del gran Miguel Gila y, a veces, lo utilizo.

Decía que estaba yo en mi coche esperando algo -siempre estamos esperando cosas- cuando un rayo de luz produjo un reflejo en el ambientador de automóvil que cuelga del espejo retrovisor.

Me recordó lo importante que es la presencia de luz, o ausencia de oscuridad, que es lo mismo. Algo que habitualmente no valoramos.

Y me acordé también del pobre Goethe, cuando, a punto de morir, pedía «Luz, más luz«, frase que se ha hecho famosa mundialmente.

En realidad no sabemos si fue así o no. Eso es lo que contó su médico, Carl Vogel. Para más inri, el galeno tampoco estuvo presente en el momento de su defunción, o sea, que también se lo contaron a él.

Sea cierto o no, es importante huir de la oscuridad, y no me refiero a la física claro, sino a la otra, a la de pensamiento. Y grito, como Goethe, ¡Licht, Mehr Licht!

Para mi desgracia, veo que los medios de manipulación se encargan de poner, cada día, más oscuridad. Para eso les pagan, claro.

¡Hágase la luz!

Y la luz no se hizo.

A veces las cosas no salen como quiere el jefe.

Hay farolas que parecen hijas de Satanás.

Vamos a ver ¿qué trabajo le costaba al empleado municipal poner una bombilla?

Estuve un rato esperando, por si venían a reparar el alumbrado. Y nada.

Hay cosas que no tienen arreglo. Y son las más. Como decía Larra.

La magia de la luz

Leí una vez una frase que no recuerdo literalmente pero decía algo así como que, a veces, cuando un rayo de luz cae sobre un objeto, por pobre o sórdido que sea, como un cartel roto en un callejón, por ejemplo, puede transformarlo durante un tiempo y crear magia.

Contraluz

Fui temprano al consultorio médico para algo tan poco poético ni mágico como extraerme sangre.

Luego, al subir al coche, el sol, que ya se había despertado también, entró por entre las ramas de un ficus sediento y un parabrisas bastante falto de limpieza.

Además de recordarme que debo ser un poco más aseado con mi auto, creó un pequeño ambiente mágico que disfruté unos segundos antes de continuar con la triste rutina diaria.

Por cierto, en aquel momento, enero o febrero de 2019, aún no se había desatado la dictadura sanitaria y no daba miedo ir al ambulatorio, todavía confiaba en los sanitarios, y no tenía pánico de ir al hospital, como ahora.

¡Qué triste el punto al que hemos llegado!