El pintor de Florencia

El pintor y su perro

No era Cimabue . Y muchísimo menos Giotto.

Pero era florentino o, al menos, estaba en Florencia cuando yo lo vi. Y aunque su arte no llegaba a la altura de otros florentinos, tenía algo que me conquistó. Le gustaban los perros. Y ahí está, trabajando con su perrito.

La alegría de estar vivo

En Santander vi a este perro, revolcándose en el suelo, feliz, y viva expresión de la alegría de estar vivo.

la felicidad en Santander tenía apariencia de perro.

Recordé lo que decía Jodorowsky:

«Lo que llamamos felicidad es simplemente la alegría de estar vivo. Debemos separarnos de todas las personas y de todo aquello que no nos dé la alegría de vivir.»