La gente ya no se fía de lo que encuentra en el supermercado.
La obsesión de la Unión Europeda (no es un error) por eliminar el sector primario nuestro e introducir el procedente de desiertos y sabanas, plagados de productos químicos prohibidos aquí, pero autorizados allí, las cagaleras -cuando no algo peor- que sufren algunos consumidores al ingerir productos regados con aguas fecales y un sinfín de barbaridades más, ha conseguido que el personal ya no pregunte el precio, la calidad ni la variedad, sino la procedencia de los tomates o las judías.
Y no nos fiamos ni cuando nos dicen que son de España, para qué nos vamos a engañar.
A alguien, poco afortunado en ese instante, se le ocurrió llamar «caja tonta» a la televisión. Y tuvo éxito. Mucha gente la llama así desde entonces.
Pero es un error. No es nada tonta. Los tontos, bobos, estúpidos, necios, lelos, memos, simples, cortos, imbéciles, idiotas, mentecatos, majaderos, merluzos, tardos, tarados, atrasados, desequilibrados, ingenuos, y algún otro sinónimo que se me olvida son aquellos que se sientan frente a ella y TRAGAN todo lo que les echan.
Sin criterio, sin contrastar, sin leer, sin estudiar… Lo que diga la tele es palabra de Dios. Lo que no sale por la tele no existe. Y lo que salga es la puriquita verdad.
Habrá que comprar palomitas. El islam se extiende por Occidente, favorecido por la religión Woke. Están locos, aunque eso ya lo sabíamos.
Son incompatibles entre sí. Nosotros, los que no somos ni una cosa ni otra, estamos en franco retroceso (alta mortalidad, baja natalidad, leyes de género, aborto, eutanasia, vacunas forzosas, discriminación a los heteros, blancos, católicos, etc.) Gracias, Sr. Soros, gracias Sr. Gates, gracias Sr. Schwab, gracias Sr. Thedros, gracias Sor Úrsula…
Todo va a a ser malo para nosotros. Pero si algo bueno hay será ver el choque entre los de la religión de la paz y amor y los guerreros del arco iris.
Ha habido muchos timos a lo largo de la historia, entre ellos, el apocalipsis climático, del que ya hablé en su día. Y seguiré hablando.
Ahora se lo enseñan a los niños en los colegios, entre pajilla y pajilla, y entre la autodeterminación del género y todas esas cosas básicas que aprenden, les explican cómo va a subir el nivel del mar, ahí en la costa, justo donde se hacen sus casoplones Obama y Bill Gates.
Pero a los niños hay que explicarles las cosas más fáciles, en dos palabras.
No, no me refiero a los políticos. A esos no hay quien los procese. Me refiero a los alimentos.
¿Han visto el aviso ese de la patatas fritas y demás que van a retirar del mercado porque provocan cáncer? Bueno, pues yo sí. Busquen, busquen.
¿Hay algún alimento ultraprocesado que no provoque cáncer? Puede que haya uno o ninguno.
¿Es verdad o es mentira? No lo sé, pero algo tendrán que hacer.
Quiero decir que si quiere reducir la población un 80% aproximadamente en Occidente, tienen mucho curro por delante.
Se estima (ojo, estima) que en 2050 una de cada tres personas tendrá Alzheimer. Se sabe, esto ya no es estimación, es dato, que uno de cada 8 niños nacen con autismo. Siempre hablo del llamado mundo occidental, eso que antes era la Cristiandad y ahora está tan mal visto. Luego están los abortos, las vacunas y sus efectos secundarios, las familias arcoiris, la eutanasia, etc.
Todo eso va reduciendo la población, sí, pero somo todavía muchos. Y no pueden cargar la mano en una sola herramienta porque se vería el plumero. De modo que tienen que repartirlo entre muchas cositas. Y los ultraprocesados pueden ser muy útiles.
Y, además, están muy buenos. Haces pop y ya no hay stop.
Esta es un historia de juguetes. Todos tenemos juguetes y, a la vez, somos juguetes de alguien.
Por ejemplo, Fangoman, el superhéroe del fango, es un simple juguete en la manos del mandamás del otro lado del Estrecho. Las cesiones que ha hecho y sigue haciendo cada día, dan para escribir una enciclopedia. ¿Porqué? Dicen que lo tienen cogido por los cataplines por lo que le robaron del móvil con el software Pegasus. Será eso. O será por el odio tradicional de la izquierda a su país. El caso es que es un juguete al que tiran del hilo desde el Magreb y baila.
No es el monarca alauita su único amo. Todos aquellos de los que necesita sus votos: independentistas catalanes, terroristas con chapela, comunistas caviar… son dueños en mayor o menor medida del juguete monclovita.
Pero él también tiene sus juguetes. Por ejemplo Fakejoo, el líder del socialismo azul, que en marzo ya pactó el reparto del CGJP aunque no se ha sabido hasta ahora, por intereses electorales. En cuanto le han pulsado el botón, ha salido disparado a firmar el reparto de jueces.
Claro que, como a Ditalcon, Audax y Minuros, los asesinos de Viriato, a él también le han dicho aquello de «Roma no paga traidores». Y todavía no se había secado la tinta de la firma del pacto de la traición cuando ya le han dicho que no tiene «poder vinculante». O sea que se los rojos seguirán haciendo lo que le salga de allí mismo.
De modo que el juguete azul es un juguete un poco cortito. Le toman el pelo como quieren, una y otra vez.
Pero no crean, que incluso él, el amigo de Marcial Dorado, tiene sus juguetes. Y esos somos nosotros. A los que quería inocular a la fuerza, saltándose todos los derechos constitucionales. Y el Tribunal Supremo tuvo que pararle los pies, por dos veces.
Que no Alberto, que no puedes vacunar a la gente a la fuerza, en contra de su voluntad.
Pues lo voy a volver a intentar.
Pues te vamos a decir que no otra vez.
Ya veremos cuando llegue la siguiente pandemia que están preparando. Porque cuando un tonto coge un camino, el camino se acaba, pero el Fakejoo sigue.