El Quijote, de etiqueta

¡Qué pena, Don Miguel, qué pena!
¡Qué pena, Don Miguel, qué pena!

Antes, y cuando digo antes me refiero a ANTES, por ejemplo la Edad Media, llamada también con acierto, la Edad Oscura, apenas nadie sabía leer y escribir, cosa que quedaba circunscrito casi en exclusiva a los monasterios, y allí, con sumo esfuerzo se iban copiando, e ilustrando a veces, a mano, los pocos libros que en el mundo había.

Con Gutemberg la cosa cambió y la imprenta hizo posible que los escritos se difundieran con más facilidad y así fue evolucionando hasta llegar al día de hoy en que cualquiera puede mostrar al mundo sus paridas, por burras que sean.

Ya no es necesario ser PlatónKant, o García Márquez para que lo que escribes lo lean otros en tus antípodas un segundo después.

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