Yo, el outsider

Yo, el outsider.

No me gusta nada, pero nada nada, utilizar extranjerismos si puedo expresarme en español.

Pero hay ocasiones en que es, o a mí me resulta, inevitable porque no hay, o no encuentro, un término castellano que defina en una sola palabra el vocablo que necesito.

En esta ocasión me refiero a “outsider”. O, al menos, en la acepción a la que quiero referirme.

Ir siempre a la contra no equivale a ser outsider

Forastero, no

Outsider tiene varias traducciones; algunas de ellas pueden serme aplicables, aunque no siempre, y otras no. Por ejemplo, en su primera acepción, significa forastero y, bueno, puedo ser forastero en algunas ocasiones, dependiendo de donde me encuentre o lo que esté haciendo, como todo el mundo. Lo mismo es aplicable a otros significados como desconocido o intruso.

Puedo ser forastero, desconocido o intruso. Pero no siempre.

Marginal, tampoco

El término Outsider identifica también algo en la periferia de las normas sociales, alguien que vive aparte de la sociedad común o alguien que observa un grupo desde fuera.

Esa acepción de outsider tampoco encaja conmigo. Puedo llegar a ser raro, poco convencional, pero no marginal.

Tampoco

Hay otros términos que tienen el significado de outsider, en su tercera acepción. como son poco conocido (cuando se refiere a candidato en alguna elección), segundón, o incluso, que no figura entre los favoritos, cuando se refieren a los caballos de carreras. Todos estos otros términos tampoco me son aplicables por mi actividad hasta ahora, especialmente el último. No creo que a estas alturas de mi vida me vea ya con un yóquey a mis espaldas.

Caliente caliente

Voy ahora con otro grupo de términos, otra acepción de la palabra outsider y aquí, es a donde yo quería ir acercándome. Puede significar alguien que es independiente (Yo lo soy, y MUCHO. No soy fanático de nada ni de nadie).

Puede significar persona ajena a algún asunto y, claro, eso me vale a mí y a todo el mundo, soy ajeno a millones de asuntos, como todos.

Por fin está el término al que venía aludiendo desde el principio en cuanto a que no he encontrado expresión equivalente castellana: es el individuo que vive aparte de la sociedad común o bien que observa un grupo desde fuera, sin identificarse totalmente con ninguna de las partes.

Fanático de nada

Antes me definí como fanático de nada. Con eso debería haber bastado pero, quizás, merezca la pena ahondar un poco.

Hace falta entereza y fuerza para romper con la mayoría y seguir las ideas propias

En estos tiempos se habla mucho de los equidistantes. Para unos, algo virtuoso (“en el término medio está la virtud”), para otros algo detestable (“eres un tibio, un equidistante despreciable y no quieres comprometerte”). Yo, como outsider que soy, algunas veces -pocas- también soy equidistante, pero no hay que confundir una cosa con la otra. Hay equidistancias que me parecen, simplemente, repugnantes.

LAS MOCHILAS

Veo, con pena, una sociedad cargada con mochilas ideológicas. Aunque la realidad sea un poco más compleja, para ejemplo, bastará una simplificación.

Va a salir el individuo a la vida (tras pasar por los periodos correspondientes de educación y/o adoctrinamiento que son familia, escuela, etc.) y le pregunta mamá sociedad:

  • Pablito ¿lo llevas todo? ¿has cogido tu mochila?
  • Sí, mamá.
  • ¿Y has cogido la mochila roja o la mochila azul -como cantaba Pedrito Fernández-?
  • No, mamá, la roja, que es lo que se lleva ahora.
  • Entonces, repasa que lleves todo: El Ché, la ETA, Antifas, República, LGTBIQ+, Biden, Black Lives Matter, aborto,…
  • Sí, mamá, ya lo sé, lo llevo todo.

Todo. Esa es la clave: todo. Es como los «packs-indivisibles» de los supermercados: es un todo completo. No puedes separar ni discriminar. No puedes pensar, ni elegir. Si llevas la mochila roja, aceptas y defiendes un sinfín de conceptos (a veces insolubles entre sí) que alguien ha decidido que forman el lote completo.

Las mochilas

Si decides llevar la mochila azul, tendrás que optar por todo lo contrario, punto por punto. Y con el mismo criterio de indivisibilidad: habrás de ser creyente, taurino, provida, Trumpista, antivegano, etc.

YO, EL OUTSIDER

Yo observo a todos los grupos desde fuera, sin identificarme totalmente con ninguna de las partes. Desde siempre, mis mochilas no han sido rojas ni azules, no tienen color definido.

No compro packs-indivisibles. Hay artículo que me interesan en la mochila roja, y hay otros que me gustan de la mochila azul. No valgo para estar en ningún grupo; al menos en ninguno donde se exija pensamiento único y no haya libertad de voz y voto.

A veces he tenido etapas más rojizas, otras más azuladas. Mi pensamiento no es inalterable ni monolítico, mis opiniones no están grabadas en piedra. No soy ni río ni rambla. No fluyo siempre en la misma dirección. Soy librepensador.

Como dijo alguien que no recuerdo «Si en cuestiones importantes hace mucho tiempo que no has cambiado de opinión, tómate el pulso. Quizá estés muerto»

Por cierto, si no hay palabra española que exprese este concepto de outsider, la RAE debería ponerse manos a la obra y dejar un poquito tranquilos los amigovios y las cocretas; propongo.

Esa gentuza

Hay gentuza de muchos tipos. Por ejemplo, los que durante muchos meses han estado lanzando a diario mensajes de odio contra los no participantes en el experimento mundial de inyecciones ARNmensajero.

Ahora, en estos días que corren, andan recogiendo cable poco a poco; unos recogiendo tímidamente noticias que prueban la maldad del veneno, noticias que antes ocultaban celosamente.

Otros dejando tranquilos (por ahora) a los «negacionistas» y difuminando el odio.

Cambio de malo

El «virus» ha sido desplazado del foco por Putin, el nuevo malvado. La táctica es la misma, todos a una contra el malvado ruso y todos a favor del pobrecito Zelensky. Y el que diga algo diferente, es un negacionista y a la mazmorra con él. Los medios se encargan de decirnos lo que hemos de creer y lo que no.

Pero volvamos al bicho.

¿Habrá nueva ola y oleada contra los «antivacunas»? Puede ser, dependerá de cómo vayan los planes del Nuevo Orden Mundial, de la guerra de Ucrania, de las querellas en curso, de las finanzas de la farmacéuticas… Ya se verá.

De momento van acercándose los litigios interpuestos a los mensajeros del odio. Aquí, un ejemplo.

Este es el video completo pero, si quieres ir a la parte relacionada con los odiadores, puedes pasar directamente al minuto 5:12. De nada.

Esa gentuza

Esa gentuza, que es mucha, ha hecho mucho mal. Ha esparciado mucho odio contra los que han hecho una opción perfectamente legal, pero que no se ajustaba a los intereses de BlackRock, Vanguard, etc. que son los dueños de las farmacéuticas, los medios de comunicación y muchas cosas más. Son esos plutócratas que antes tanto odiaba la izquierda y para los que trabajan ahora.

Aquí hay una breve selección de esos odiadores con algunas de sus perlas, aunque su «producción» es mucho más extensa.

  • Luis Enjuanes (virólogo del CSIC): «Que a los no vacunados no les cubra la Seguridad Social».
  • Benjamín Prado (Poeta y tertuliano TV): «Que les pidan el pasaporte hasta para ir a comprar pan»
  • Risto Mejide (Publicista y presentador TV): «Hay que ponerles etiquetas para distinguirlos por la calle»
  • Miguel Lago (Humorista): «Hay que darles dos hostias»
  • Anabel Alonso (¿Cómica?): «Que tengan envidia. Vosotros no podéis y no debéis».
  • Federico Jiménez Losantos (Periodista): «Gentuza, criminales, bebelejías»
  • Ana Rosa Quintana (Presentadora TV): «Hay que vacunar a los niños, el nuevo foco de contagio»
  • Susana Griso (Presentadora TV): «Hay que hacerles la vida imposible»
  • Iñaki López (Presentador TV): «Cuñados. Votantes de Vox»
  • Ángel Expósito (Periodista): «¿Tenemos que pagarle la seguridad social a estos?»
  • José Sacristán (Actor): «Esos necios matan. Que paguen por imbéciles»
  • Javier Gurruchaga (Cantante): «Que no salgan de casa. Son un peligro público»
  • Angélica Rubio (Periodista): «La culpa es de la Justicia, que protege a estos locos»
  • Ernest Folch (Periodista): «Vacunación forzosa para los egoístas»
  • José García (Periodista): «Sin tolerancia. La libertad de un imbécil no vale nada»
  • Juan del Val (Guionista): «Son estúpidos. Les tendrían que perseguir»
  • Dani Mateo (Cómico y presentador TV): «Mira que eres idiota, fantasma antivacunas»
  • Andreu Buenafuente y Berto Romero (Cómicos): «Hay que utilizar el lanzallamas»
  • Miguel Ángel Revilla (exfalangista y actualmente presidente de Cantabria): «Hay que vacunarles, por las buenas o por las malas, por lo civil o por lo militar».

Esa otra gentuza

Y además de la gentuza emisora de odio está la receptora. Esa gentuza sin criterio propio ni dos dedos de frente que ha antepuesto el mensaje a sus sentimientos, sus relaciones, sus obligaciones morales y, como el conejito de Duracel, «y duran, y duran».

Cuando recibieron el mensaje de hacer el vacío a familiares y amigos, lo aplicaron. Ha pasado el tiempo, han tenido tiempo de informarse, de ver con sus propios ojos la realidad, pero… no.

Hay gente que es normal, por eso la llamo gente, y que ha caído del burro. Han cambiado de actitud, tanto consigo mismos -ya no piensan clavarse más- como con los demás.

Pero la otra, la gentuza, los miembros de la secta, los de la CUD (Covidianos de los Últimos Días), siguen aferrados a la mascarilla aunque estén solos en medio del Sahara, están esperando que les insinúen ponerse la cuarta o quinta dosis para hacer cola.

Y como las televisiones no les han dicho (ni les van a decir) expresamente «Vayan a visitar a sus familiares no vacunados, porque ya se sabe quu los vacunados se contagian y contagian igual que los no vacunados», pues ellos les siguen haciendo el vacío. Y puede que se lo sigan haciendo eternamente.

Les llamo gentuza por no llamarles otra cosa.

¿Eres un idiota?

Aclaración importante. Por una vez, este texto no es mío. Desconozco el autor. Además me llegó en italiano y he tenido que traducirlo sin ser yo un experto en ello, espero no haber cometido demasiados errores.

Pero me pareció tan interesante que decidí incorporarlo al blog. Si a alguien le da que pensar, como me dio a mí en su momento, me doy por satisfecho.


Umberto Eco, pocos meses antes de su muerte, nos dejó frente a una breve pero importante lección: «las redes sociales dan derecho a hablar a legiones de imbéciles».

Eco argumentó que aquellas personas cuyas opiniones antes estaban relegadas al ámbito de los bares, ahora se colocan al mismo nivel que las personas educadas gracias a las redes sociales.

Dijo que en la era de la «posverdad» «Internet promueve al idiota del pueblo como poseedor de la verdad». La estructura social de Internet, según Eco, favorece la proliferación de engaños (y eso es lo que pasa).

Pero, ¿cómo se distinguen los idiotas y charlatanes de las personas educadas, expertas en el sector y capaces de analizar y criticar correctamente la información?

Digamos que, si perteneces a la segunda categoría, probablemente no necesites los consejos de este artículo. Aunque, a decir verdad, incluso ser un tonto no te ayudará mucho… ¡pero puedes descubrir si eres un tonto!

¿Lees únicamente los textos que aportan más confirmación a tus tesis?

¿Nunca pruebas tus creencias? ¿Incluso los más profundos? Porque si no lo haces y te quedas anclado en lo que ya sabes, tu deseo de “buscar información” consiste únicamente en tranquilizarte pensando desde el principio que ya tienes razón. Así que el tuyo no es indagar, sino escuchar lo que quieres escuchar.

Políticamente hablando, si perteneces a esta categoría de personas y te consideras de izquierda le das más crédito a periódicos como La Repubblica o l’Unità; si te consideras de derecha nunca intentarás leer «El Capital» de Marx, si votas el Movimiento 5 Estrellas sientes una cierta reverencia por Travaglio e il Fatto Quotidiano.

Digamos también que aquellos que estudian marketing para vender productos pobres a una masa de tontos, agradecen a Dios todos los días por la existencia de personas como tú. Precisamente porque cuando venden un producto, dicen lo que quieres escuchar.

Para cualquier dato que te interese, ya sea una noticia o un ensayo sobre vacunas, ¿lees o escuchas los argumentos de quienes no piensan como tú?

Si no intentas entender el punto de vista de los demás, si comentas impulsivamente en las publicaciones de Facebook que afirman que otros tienen una «microcefalia», son «respetables», «racistas» o los clasificas en categorías para denigrarlos, entonces es muy probable que formes parte de las filas de los idiotas.

Cuando encuentras noticias que corroboran tus creencias …

… sí, todos hemos experimentado ese cosquilleo, ese deseo compulsivo de compartir el enlace y decir “¡¿ves ?! ¡Te lo dije! «. Luego, haciendo un análisis crítico, descubres que el título del enlace no coincide exactamente con su contenido, o peor aún, descubres que la noticia es un engaño.

Si eres una de estas personas tranquilas, no eres una luminaria, no eres un genio, eres una persona con la educación suficiente para saber leer entre líneas y entender que no es necesario compartir el enlace.

Si lo has compartido… probablemente seas un idiota. Y tal vez ni siquiera te hayas molestado en leer todo el contenido (lo que no te justifica, pero te vuelve doblemente imbécil).

Si te corrigen …

¿Eres un idiota?
Si te lanzas a por tu interlocutor … quizás no seas idiota, pero sí un gran idiota.

Me pasa (incluso a mí mismo) encontrar en los comentarios a los posts, contenido interesante y diametralmente opuesto a tus pensamientos, también expuestos con cordialidad y cortesía.

Si crees que tienen el mérito de una reflexión y te agradecen, eres de los que nunca se conforman con conocer, sino que amplían su pensamiento.

Por el contrario, si le muestras al mundo lo susceptible que eres y te lanzas hacia tu interlocutor … quizás no seas idiota, pero sí un gran idiota.

Si obtienes muchos «Me gusta…»

Por lo general, en el mundo de Internet, la mayoría es sinónimo de justicia.

Nada más falso se ha extendido tan fácilmente. Si obtienes tantos «me gusta» y te sientes tan satisfecho porque el jurado popular ha confirmado tu veredicto, baja la cresta. Ciertamente eres un idiota.

Si en su época, Alessandro Volta hubiera mostrado el funcionamiento de su batería eléctrica en un post, el comentario más votado hubiera sido: “¡Bravo! Has estudiado durante muchos años para crear algo que no sirve «.

(PD. El mismo razonamiento se aplica a las páginas y publicaciones más compartidas)

¿Llegaste hasta aquí?

Si en al menos uno de estos puntos te reconoces en las filas de los que harían mejor en guardar silencio, tenlo en cuenta para el futuro. Pero si has llegado a leer hasta aquí, creo que no eres uno de los idiotas.

Aquellos, ya después del segundo punto, dejaron de leer.

No caigas en sus redes

Si hablamos de «sus» redes habrá un «alguien» que es el dueño de esas redes ¿verdad?.

Ese alguien son «ellos». Tienen tantos nombres, unos ficticios, otros reales, otros mitad y mitad, que resulta difícil señalarlos con el dedo. Ya se ocupan ellos de eso.

Puedes llamarlos Amos del Mundo, Illuminati, Poderosos, Oligarcas, Élites, Plutócratas, Foro de Davos, Foro Económico Mundial, Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, ONU, OMS, Rockefeller, Rotschild, Soros… ¡Dios, son tantos!

Y, al final, resula que son cuatro gatos, porque son siempre los mismos. Ese 1% que aspira a dominar o domina ya, al 99% restante, que somos los demás.

No caigas en sus redes
No caigas en sus redes

Ese 99% se divide en dos grandes grupos: los despiertos y los dormidos, aunque cada uno de ambos se subdivide en otros muchos. Me referiré en esta ocasión solamente a uno de ellos, y el más numeroso: los adoctrinados.

Adoctrinados desde hace generaciones en la escuela, en el cine, el teatro, la prensa y, muy especialmente, la televisión. Esas televisiones todopoderosas hasta anteayer y que recibían y reciben inmensas cantidades de dinero público para que digan lo que ellos quieren, o como ellos quieren y callen lo que ellos quieren.

He dicho hasta anteayer porque hoy ya no son tan poderosas. Pierden credibilidad y audiencia a chorro. Algunas están endeudadas. ¿Y eso por qué? Por las redes sociales. Cada vez hay más gente, y sobre todo las nuevas generaciones, que se informan a través de las redes.

Eso ha hecho que ellos intervengan también en las redes, sobre todo en las más populares y numerosas. No pueden consentir que la población se entere de los que ellos no quieren. Y se han inventado lo de los verificadores independientes, unas empresas también pagadas por ellos, con unos lacayos supuestamente independientes que se encargan de decir lo que es verdad y lo que es bulo.

Da igual que los hayan cazado a esos verificadores en multitud de ocasiones y se haya demostrado que mienten más que hablan. Da lo mismo que hayan quedado al descubierto sus conexiones con ellos. Mientras la audiencia no se entere, no pasa nada.

Están presentes en las redes mayoritarias: Facebook, Instagram, Twitter, Youtube, y tan pronto dices algo que no les gusta te ponen un sello de «FAKE» o sale un mensaje que dice algo así como «verificadores independientes han comprobado que la información total o parcial que has publicado es falsa, bla, bla». Cierran cuentas de usuario, castigan por tiempo determinado a no acceder, borran videos, etc. Ya hablé de la Inquisición Globalista en otro post.

Pero tienen un problema. No pueden estar en todas las redes. Hay algunas que no admiten su funcionamiento censor y se permite la libertad de expresión. ¿Significa eso que en esas otras redes todo es verdad? ¡Claro que no! Hay que separar el trigo de la paja y contrastar mucho la información pero, al menos, tienes oportunidad de hacerlo.

Están además los trolls, gente dedicada en «enmierdar» la información, con perdón por el palabro. Recomiendo este artículo que explica bien como funciona, y aunque algunos siempre hablan de las granjas de trolls rusas, lo cierto es que hay en todos los bandos.

Y luego están los bots o robots, cuentas falsas donde no hay una persona real detrás, que se dedican (de forma programada) a decir, dar likes o retuitear lo que convenga al que paga. Hay aplicaciones capaces de detectar las cuentas falsas. Hace poco leí que la «verificadora» jefe de una conocida empresa AntiTrolas tenía casi un millón de seguidores falsos. ¿Quién verifica al verificador?

Hace años (aproximadamente cinco) que dejé de ver televisión, y empecé a enterarme de lo que pasaba. Parece una contradicción, pero no lo es. Si quieres saber lo que pasa, apaga la tele. Ya he cerrado mis cuentas de Facebook, Instagram. Solamente utilizo, con filtros activados, Twitter y Youtube.

¿Y ya está? Pues no. Suelo estar bien informado. Hay muchas otras redes y, como he dicho antes, sin censura. Las hay parecidas a Twitter, sin censura, por ahora:

Parler

Gab

Gettr

También hay otras similares Youtube pero, repito, sin censura

Rumble

Odysee

Youmaker

Twitch

Algo así como Facebook, pero más sencillo.

VK

MeWe

Para los amantes de la fotografía están

Tumblr

Pinterest

Flickr

Wisaw (en la que no hay ni que registrarse, pero mucho mejor para el móvil)

Hay otra similar a Youtube, pero solo para audio

Spreaker

Y, por supuesto, los canales de

Telegram una de los mejores medios de recibir información sin censura. Aunque tienes que revisar lo que recibes y no tragarlo todo. Es una jungla y se puede encontrar de todo. DE TODO. Lo mejor y lo peor.

No me he olvidado de una famosa aplicación muy extendida y popular a la hora de hacer videos: la famosa Tik Tok. No la recomiendo, salvo que quieras que todo lo que haces, dices y hasta piensas, llegue inmediatamente a las garras del Partido Comunista Chino, que es su creador. Y expresamente para eso.

He visto a gente que desprecia cualquier información «porque es de internet» y sólo se cree lo que sale por la tele. Habrían de recordar que en todas las dictaduras, de derechas, de izquierdas, y «democráticas» como la actual, la información siempre se ha repartido en octavillas, impresas en multicopistas o fotocopias, pegadas en los árboles y a escondidas, huyendo de los «grises», la KGB, la NKVD o la Gestapo. Mientras que en las radio y las televisiones del régimen salía basura.

Ahora hay que huir de los verificadores, los trolls y los bots. Y abrir los ojos.

Día internacional de la Arpía

Las Arpías (o Harpías, pero me gusta más sin hache) eran inicialmente mujeres hermosas

En la mitología griega, las Harpías o Arpías (en griego antiguo Ἇρπυια Hárpyia, ‘que vuela y saquea’) eran inicialmente seres con apariencia de hermosas mujeres aladas, cuyo cometido principal era hacer cumplir el castigo impuesto por Zeus a Fineo: valiéndose de su capacidad de volar, robaban continuamente la comida de aquel antes de que pudiera tomarla. Esto las llevó a pelear contra los Argonautas.

En tradiciones posteriores fueron transformadas en genios maléficos con cuerpo de ave de rapiña, horrendo rostro de mujer, orejas de oso y afiladas garras, que llevaban consigo tempestades, pestes e infortunio. Esta es la forma que acabó por imponerse y que ha perdurado hasta la actualidad.

Cuántas eran las Arpías

Las Harpías eran hijas de Electra y Taumante, y hermanas de Iris y de ArceHesíodo las describe en su Teogonía como criaturas de «adorables cabellos», lo cual entronca con su aspecto originariamente bello.

Su mito definitorio está ligado a Fineorey de Tracia que tenía el don de la profecíaZeus, furioso con él por haber revelado sin consentimiento secretos de los dioses del Olimpo, le castigó confinándolo en una isla con un festín del que no podía comer nada, pues las Harpías siempre robaban la comida de sus manos justo antes de que pudiera tomarla. Este castigo se prolongó hasta la llegada de Jasón y los Argonautas, que enviaron tras las Harpías a los héroes alados Calais y Zetes, los Boréadas. Estos lograron espantarlas, pero no las mataron a petición de Iris, quien prometió que Fineo no volvería a ser molestado. Agradecido por su ayuda, Fineo contó a los Argonautas cómo superar las Simplégades para poder continuar su periplo.

Ampliaciones al mito

A la versión básica de este mito se le fueron añadiendo nuevos detalles con el discurrir del tiempo: las Harpías ya no robaban la comida sino que la ensuciaban con sus excrementos, corrompiéndola. Pronto empezaron a ser vistas como difusoras de suciedad y enfermedad, adquiriendo así su más célebre apariencia monstruosa.

Bajo esta nueva forma fueron también impartidoras de castigo, raptando a la gente y torturándola de camino al Tártaro en un difuso solapamiento con las Erinias. Eran despiadadas, crueles y violentas, y vivían en las islas Estrófades. Se las consideraba personificaciones de la naturaleza destructiva del viento.

Según Hesíodo, las Harpías eran en principio dos: Aelo (‘viento tempestuoso’, a veces llamada Nicótoe) y Ocípete (‘vuelo rápido’). Posteriormente los romanos añadieron a Celeno (‘la oscura’), la más malvada de todas. Homero nombra en la Ilíada a otra llamada Podarge (‘pies veloces’), madre de Janto y Balio (caballos de Aquiles) tras unirse con el viento Céfiro. También se hace a las Harpías madres de Flógeo y Hárpago, caballos de los Dioscuros (Cástor y Pólux).

Eneas se topó con las Harpías cuando atracó en las Estrófades camino de Italia, robando aquellas repetidamente el banquete que los troyanos se hallaban preparando. Celeno los maldijo diciendo que acabarían tan hambrientos que devorarían sus mesas antes de que el día terminase. Los troyanos huyeron asustados.

He cambiado mucho porque soy el mismo.

Hace mucho que no escribo aquí, pero no ha sido por desinterés. Es que he estado muy ocupado, transformándome, pero soy el mismo.

Hay gente que se pregunta cosas, y una de las cuestiones más comunes es eso de “¿qué habría pasado si…?”.

Yo también lo hago y me pregunto por mi futuro de entonces, que es mi presente de hoy, si no hubiese tenido problemas cardíacos y dos intervenciones en mi cafetera, que todavía funciona aunque con algunas deficiencias.

Asimismo me pregunto cómo se habría desarrollado mi vida si no hubiese muerto mi perro Lanzarote a una edad tan temprana y de forma tan imprevista.

Y otra cosa que me viene a la mente buscando respuesta, sin encontrarla, es cuales serían mis ideas, mi postura, si los independentistas catalanes no hubiesen dado el golpe de estado.

Porque esas tres cosas principales, aunque alguna más hay aunque de manera más circunstancial, han estado relacionadas entre sí y han cambiado mi forma de ser, mi actitud, mi forma de ver el mundo.

Aunque sigo siendo el mismo, claro, y con los mismos valores esenciales que tenía antes.

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Fray Jorge de Burgos va ganando

Fray Jorge de Burgos va ganando. Hace unos años escribí en mi anterior blog una entrada sobre los ofendidos que no es que abundaban, sino inundaban, España. (Yo, como no soy de la neoizquierda hispanófoba, todavía digo España y no «este país»).

Por cierto, la expresión utilizada anteriormente, la leí por primera vez en el libro de la «Dedicatorias» de José Luis Coll, y se me quedó grabada. Decía «Al gilipollas, que no es que abunde, es que inunda«.

A aquella entrada, la llamé «Ofendiditos«, término que ahora empiezo a ver y oír en los medios con cierta frecuencia.

Mira que si fui yo el que creó tendencia con la palabreja y no lo sé… En fin, me importa un huevo -de gallina, claro, no se me ofendan, aunque, bueno, si se ofenden, me importa otro-, sigamos.

Pues eso, que los ofendiditos, que son casi equivalentes a los gilipollas, nos están inundando, nos van a ahogar en ese inmenso tsunami.

Un tsunami de hipocresía, fanatismo, ignorancia, falacia, mentira, impostura, felonía, fariseísmo y un etcétera no muy largo ya, porque se me van agotando los sinónimos.

Fray Jorge de Burgos
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