La discriminación de las vocales débiles

Como todo el mundo sabe, hay cinco vocales (al menos en español) y que se dividen en fuertes o abiertas (a,e,o) y débiles o cerradas (i,u).

Ahora podría yo ponerme a hablar de diptongos, triptongos, hiatos y otras hierbas, pero eso es algo que también sabe todo el mundo (je) y, además, el motivo de mi inquietud es otra. Me refiero a la tremenda discriminación que está haciendo el lenguaje “inclusivo” con las vocales débiles.

Las pobres vocales débiles, marginadas

Es chocante que algo supuestamente inclusivo se dedique a excluir, pero esas contradicciones son muy frecuentes en el mundo pogre. Aunque justo es decir que los que discriminan no son los progres auténticos, sino los progres de salón, los advenedizos de última hora que intentan quedar bien.

La cosa empezó con el ellos y ellas, miembros y miembras, etc. etc. Pero aquello se limitaba a incluir hombres y mujeres. Y, como decía el gran Antonio Ozores “¡No hija, no”. Había que incluir a los “otros” u “otras” y se ha comenzado a utilizar el “elles”. Ahora ya tenemos “niños, niñas y niñes” “hijos, hijas e hijes”, como bien nos recuerda nuestra insigne ministra de igual dá Irene Montero.

Niños, niñas y niñes

Y aquí es donde empieza el problema, o, al menos, mi problema. ¿Por qué la e? ¿Quién ha decidido eso? ¿Qué pasa con las otras vocales? ¿Qué culpa tienen de ser débiles? ¿ Es porque forman diptongos y triptongos? ¿o es que en todo esto hay mucho tongo? ¿Por qué no hijis y niñis, o hijus y niñus?

Y este problema es sólo la famosa punta del iceberg. Niños, niñas y niñes… ¿a quién define el niñe? ¿Es que sólo hay tres géneros? ¿masculino, femenino y… lo que sea? Pues (otra vez a lo Antonio Ozores) ¡No, hija, no!

Hasta hora, en el momento de escribir estas letras, hay ya -que yo sepa- 112 géneros reconocidos por la ONU o por alguien que trabaja para la ONU, se trata de Vitit Muntarbhorn, nuevo Defensor Global LGBT de Naciones Unidas. (creo que 37 en España, vamos retrasaíllos). He aquí los 112 géneros.

Y tantos géneros lleva aparejado el problema de los pronombres personales, que pueden ser elegidos por la persona en cada caso. Es un poco lioso, pero en este video, aunque sea parodia, podemos hacernos idea del maremagnum en que nos hemos nos han metido.

Pronombres a gogó

Cómo en el video se expone, a cada persona hay que llamarla por el pronombre que haya elegido según su género, también elegido. Así, en vez de el, ella, nosotros, etc. puede ser zíe, hirs, pers, etc. etc. Creo que entonces había ya 63 pronombres registrados y admitidos, hoy pueden ser más. La imaginación es poderosa.

Oí en una charla de género (por internet) que es útil llevar una libretita y anotar lo que prefiere cada persona que conozcamos a la hora de nombrarla. Porque de memoria puede ser muy difícil. No es broma.

Y ojo con utilizar pronombres equivocados, eso podría suponer graves problemas, como por ejemplo en Canadá (país top progre) donde se empieza a legislar sobre estos “errores”

Por supuesto, cuando saltó el escándalo de las multas y castigos por no utilizar los pronombres adecuados, pronto aparecieron los “verificadores” o “fact-checkers” comprados de la hiprogresía a desmentirlo. Puede que todavía no vayas a la cárcel, pero te juegas tu carrera, tus amistades, tu prestigio, como le pudo ocurrir al famoso Jordan B. Peterson

Pero me estoy yendo por las ramas. Yo quería hablar de las vocales débiles, marginaditas ellas. Y digo yo, si hay tantos géneros y tantos pronombres ¿por qué limitarnos al todos, todas, todes? ¿Es que el todes incluye esos ciento y pico géneros no incluidos en los dos binarios tan heteropatriarcales y fachas? ¿Por qué no un sufijo para cada uno?

Hay cinco vocales. Si hacemos combinaciones de 3 elementos (incluyendo repeticiones) como en las matrículas de los coches, nos resulta un número no infinito pero sí más que suficiente para cubrir todos los géneros habidos y por haber. Por ejemplo:

todos, todas, todes, todis, todus; luego empezamos con los sufijos de dos vocales: todoas, todoes, todois, todoos, todous, etc. Y si se nos acaban comenzamos con los de tres: todoaes, todoies, todouis, todoaos, todoeus, etc. etc. etc.

Es un poco engorroso, ya lo sé, pero no mucho más que lo que ya hay. Y si tenemos poca memoria, es sólo cuestión de otra libretita más, como la que llevamos para apuntar el pronombre preferido de nuestros conocidos y no ofenderlos.

Y así se evitaría marginar a las vocales débiles y crear más víctimas del heteropatriarcado ese.

Dicho todo ello con animus iocandi, por supuesto.