¡Viva la Pepa!

Las constituciones eran -antes- cosas muy importantes. Cosas por las que, para algunos, merecía la pena morir y hasta matar.

Los gobiernos absolutistas las detestaban, los gobiernos tiránicos las abolían y los gobiernos democráticos las ensalzaban.

Ahora, como todo cambia, los gobiernos (todos, los suspuestamente democráticos también) se limitan a ignorarlas. Se las pasan por el forro del escroto, las incumplen… y no pasa nada. Para eso tienen bien sujetos y apesebrados al poder judicial. Y no digamos del cuarto poder, que ya es el primero.

La Pepa es la de arriba. La de abajo, apoyada en la barandilla es Mari Carmen. No confundamos.

La Pepa

La primera Constitución Española fue jurada en Cádiz en 1812. Ahora se cumplen 210 años. Pero sólo dos añitos después se restableció el absolutismo gracias a la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis, el ejército que envió Francia a petición del rey felón Fernando VII, para acabar con la libertad, y abolió la Constitución.

Incluso el grito de «Viva la Constitución» quedó prohibido. Fernando VII fue el que había dicho antes aquello de «Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional»

Dijo aquello igual que podría haber dicho «A los 100.000 hijos de San Luis no los vamos a llamar. Se lo repito. A los 100.000 hijos de San Luis no los vamos a llamar. Si quiere se lo digo 20 veces: A los 100.000 hijos de San Luis no los vamos a llamar.» ¿Les suena?

Los liberales de entonces no se resignaron y dieron en llamarla La Pepa, puesto que había sido promulgada el 19 de marzo, día de San José, tal día como hoy.

Con lo que el grito de «Viva la Pepa» vino a encubrir al subversivo «Viva la Constitución».

Ya no es lo que era

Con el tiempo, ni las constituciones son lo que eran, ni el grito es lo que era. Perdió toda intencionalidad política y pasó a ser una pura expresión de desenfado y recocijo tal y como hoy la utilizamos.

Los únicos que sigue siendo igual que antes son los felones.

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