Toy triste

Toy triste. Fui a tirar la basura y me encontré esta imagen desgarradora. Un juguete había sido abandonado a su suerte junto al contenedor.

Los juguetes no terminan bien en la vida real.
Toy Sad Story

Me pareció dolorosa no porque no estuviese en el contenedor de color prensa actual. Tampoco porque algún niño hubiese decidido que ya no le apetecía jugar más.

Me pareció terrible porque me quedé allí un rato esperando ver aparecer al sheriff Woody Pride al rescate, pero no vino.

Pensé que quizás esa noche libraba y, en su lugar, vendría Buzz Lightyear; seguro que él podría, ya que era capaz de ir hasta el infinito y más allá.

Pero tampoco. Me fui a casa y volví con un termo y café con leche, dispuesto a montar guardia. Seguro que llegaría el rescate, aunque fuese de la mano de Mister Potato, o de Rex, el dinosaurio (tiranosaurio es políticamente incorrecto ya, no se admiten los tiranos).

O incluso me valdría Wheezy, el pingüino ese al que se le falta el pito, y habla como Fernando Simón cuando se come una almendra. Pero no. No vino nadie.

El camión de la basura

Bueno, sí, se hizo de día y vino el camión de la basura.

Yo me fui a mi casa por miedo de que me llevara a mí también, que estoy un poco cascao ya. ¿Por qué hice aquello de pasar la noche esperando el rescate del juguete? Porque, igual que al coronel «Hannibal» Smith, el del Equipo A, me gusta que los planes salgan bien.

Me gusta que las cosas tengan un final feliz. Y estoy esperando ver alguna que sale bien, en la vida real. Me conformaría con una sola. Pero no. Las cosas solo terminan bien en el cine.

Toy triste.

Esa gentuza

Hay gentuza de muchos tipos. Por ejemplo, los que durante muchos meses han estado lanzando a diario mensajes de odio contra los no participantes en el experimento mundial de inyecciones ARNmensajero.

Ahora, en estos días que corren, andan recogiendo cable poco a poco; unos recogiendo tímidamente noticias que prueban la maldad del veneno, noticias que antes ocultaban celosamente.

Otros dejando tranquilos (por ahora) a los «negacionistas» y difuminando el odio.

Cambio de malo

El «virus» ha sido desplazado del foco por Putin, el nuevo malvado. La táctica es la misma, todos a una contra el malvado ruso y todos a favor del pobrecito Zelensky. Y el que diga algo diferente, es un negacionista y a la mazmorra con él. Los medios se encargan de decirnos lo que hemos de creer y lo que no.

Pero volvamos al bicho.

¿Habrá nueva ola y oleada contra los «antivacunas»? Puede ser, dependerá de cómo vayan los planes del Nuevo Orden Mundial, de la guerra de Ucrania, de las querellas en curso, de las finanzas de la farmacéuticas… Ya se verá.

De momento van acercándose los litigios interpuestos a los mensajeros del odio. Aquí, un ejemplo.

Este es el video completo pero, si quieres ir a la parte relacionada con los odiadores, puedes pasar directamente al minuto 5:12. De nada.

Esa gentuza

Esa gentuza, que es mucha, ha hecho mucho mal. Ha esparciado mucho odio contra los que han hecho una opción perfectamente legal, pero que no se ajustaba a los intereses de BlackRock, Vanguard, etc. que son los dueños de las farmacéuticas, los medios de comunicación y muchas cosas más. Son esos plutócratas que antes tanto odiaba la izquierda y para los que trabajan ahora.

Aquí hay una breve selección de esos odiadores con algunas de sus perlas, aunque su «producción» es mucho más extensa.

  • Luis Enjuanes (virólogo del CSIC): «Que a los no vacunados no les cubra la Seguridad Social».
  • Benjamín Prado (Poeta y tertuliano TV): «Que les pidan el pasaporte hasta para ir a comprar pan»
  • Risto Mejide (Publicista y presentador TV): «Hay que ponerles etiquetas para distinguirlos por la calle»
  • Miguel Lago (Humorista): «Hay que darles dos hostias»
  • Anabel Alonso (¿Cómica?): «Que tengan envidia. Vosotros no podéis y no debéis».
  • Federico Jiménez Losantos (Periodista): «Gentuza, criminales, bebelejías»
  • Ana Rosa Quintana (Presentadora TV): «Hay que vacunar a los niños, el nuevo foco de contagio»
  • Susana Griso (Presentadora TV): «Hay que hacerles la vida imposible»
  • Iñaki López (Presentador TV): «Cuñados. Votantes de Vox»
  • Ángel Expósito (Periodista): «¿Tenemos que pagarle la seguridad social a estos?»
  • José Sacristán (Actor): «Esos necios matan. Que paguen por imbéciles»
  • Javier Gurruchaga (Cantante): «Que no salgan de casa. Son un peligro público»
  • Angélica Rubio (Periodista): «La culpa es de la Justicia, que protege a estos locos»
  • Ernest Folch (Periodista): «Vacunación forzosa para los egoístas»
  • José García (Periodista): «Sin tolerancia. La libertad de un imbécil no vale nada»
  • Juan del Val (Guionista): «Son estúpidos. Les tendrían que perseguir»
  • Dani Mateo (Cómico y presentador TV): «Mira que eres idiota, fantasma antivacunas»
  • Andreu Buenafuente y Berto Romero (Cómicos): «Hay que utilizar el lanzallamas»
  • Miguel Ángel Revilla (exfalangista y actualmente presidente de Cantabria): «Hay que vacunarles, por las buenas o por las malas, por lo civil o por lo militar».

Esa otra gentuza

Y además de la gentuza emisora de odio está la receptora. Esa gentuza sin criterio propio ni dos dedos de frente que ha antepuesto el mensaje a sus sentimientos, sus relaciones, sus obligaciones morales y, como el conejito de Duracel, «y duran, y duran».

Cuando recibieron el mensaje de hacer el vacío a familiares y amigos, lo aplicaron. Ha pasado el tiempo, han tenido tiempo de informarse, de ver con sus propios ojos la realidad, pero… no.

Hay gente que es normal, por eso la llamo gente, y que ha caído del burro. Han cambiado de actitud, tanto consigo mismos -ya no piensan clavarse más- como con los demás.

Pero la otra, la gentuza, los miembros de la secta, los de la CUD (Covidianos de los Últimos Días), siguen aferrados a la mascarilla aunque estén solos en medio del Sahara, están esperando que les insinúen ponerse la cuarta o quinta dosis para hacer cola.

Y como las televisiones no les han dicho (ni les van a decir) expresamente «Vayan a visitar a sus familiares no vacunados, porque ya se sabe quu los vacunados se contagian y contagian igual que los no vacunados», pues ellos les siguen haciendo el vacío. Y puede que se lo sigan haciendo eternamente.

Les llamo gentuza por no llamarles otra cosa.

Sin novedad en el frente

Si novedad en el frente. A Putin, sea bueno o malo, había que darle, al menos, el Premio Nobel de Medicina. Le dieron el de la Paz a Obama con muchos menos méritos.

Ha conseguido, en dos semanas, lo que no consiguió la OMS y todos su expertos plandémicos del mundo mundial en dos años: sacar al puto virus de las televisiones.

¡Fuera bicho!

Ahora toca guerra

La guerra está de moda. Mejor dicho, la guerra de Ucrania. O aún mejor dicho, la guerra que empezó en Ucrania hace unos días, porque en Ucrania ya había guerra desde hace ocho años, pero esa no importaba.

Y tampoco importaban ni importan las otras muchas que hay por el mundo:

Hay en Afganistan, donde los talibanes reconquistaron el poder en 2021 y EEUU salió cagando leches y haciendo el ridículo tras 20 años.

En Yemen hay una y bien gorda, muy cruenta y con intervención y bombardeos de otros países. Pero… ¡bah! eso no interesa a los informativos.

La de Israel y Palestina ya forma parte del paisaje y ni la vemos.

Las hay de mayor o menor envergadura, intermitentes, enquistadas, parciales, de todos los tipos y colores. Está el caballo rojo del Apocalipsis, el que representa la guerra (hay que leer más la Biblia aunque sea por culturilla) en muchos lugares del planeta. A saber:

Etiopía, Mali, Níger, Burkina Faso, Congo, Mozambique, Myanmar (antes llamada Birmania), Haití… y alguna habrá que se me escape. Pero de pronto… de pronto… ¡Zas!

¡No a la guerra!

Se llenan los televisores de mensajes de «No a la guerra», hasta en las retransmisiones de los partidos de fútbol, los opinólogos que antes sabían todo del Covid, ahora llenan las tertulias televisivas y radiofónicas con sus expertas opiniones sobre la guerra… de Ucrania. Sólo la de Ucrania.

Hasta en los periódicos digitales deportivos locales, que no saben ubicar Ucrania en el mapa, y menos van a saber su historia y el origen del conflicto, ponen su «banner» de «No a la Guerra». Para quedar bien y no vaya a ser que los señalen.

Luego, los mensajes de «no a la guerra», van cambiando a «no a la invasión» para que vaya quedando claro quién es el bueno: el pobre gobierno ucraniano que ha estado masacrando 8 años a las provincias del Donbáss, y el malo, que es ese señor malvado, llamado Putin, que los medios de manipulación presentaron como socio de Donald Trump, para intentar dañar a ambos.

Luego ya va saliendo a la luz la trama, urdida por Clinton y sus secucaces, pero da igual.

El caso es que, con sus luces y sus sombras, Putin tiene que ser presentado como el malo. Y a ello se han puesto los medios de manipulación, como hicieron con la plandemia. El que hable bien de Putin se la carga.

Creo que es en Checoslovaquia donde se castigará con cárcel o multas (no recuerdo ahora) a quien apoye a Putin en las redes sociales. Los verificadores de la verdad ya se han puesto en marcha.

Un gran analista, el coronel Pedro Baños, ya ha dicho que a quien opine diferente sobre la guerra de Ucrania, lo «aplastarán». Y en esa misma intervención dice que es la única vez que va a hablar por la cuenta que le trae. La censura está aquí, pero luego vetan a RT y Sputnik, las agencias rusas, porque manipulan:

¿Por qué pasa esto?

Para entender el mundo hace falta, primero, saber historia. Lo que ocurre hoy suele tener sus raíces mucho más atrás. Meses, décadas, siglos, eras…

Segundo, hace falta investigar, no creerse nada de nadie a priori y buscar. Luego, después de recabar información, y después de digerirla, llegar a una conclusión PROPIA. Que puede estar equivocada, por supuesto, pero que es nuestra opinión, y no la que nos han insertado en el cerebro desde la tele. Igualito que con la plandemia.

Pero todo esto es laborioso, por supuesto. Hay que dedicarle esfuerzos, horas, y dejar de ver la telebasura que, al igual que la comida basura, es nociva pero… ¡es tan rápida y tan cómoda!.

A base de memes y mensajitos de Whatsapp pedimos estar a oscuras media hora, tal día y desde tal hasta tal hora, para que se joda Putin y sepa que no nos interesa su gas y podemos pasar sin energía. ¡Qué infantilismo el de esta civilización!

Si se quiere conocer con un poco de seriedad los orígenes de este conflicto, se puede empezar por leer el gran artículo de Fernando del Pino Calvo Sotelo, un informador independiente, aquí.

Si novedad en el frente

Resumiendo. Aunque en el conflicto de Ucrania, y en todos los demás, se siguen produciendo novedades, en la guerra de los medios de manipulación contra la población, no hay novedad en el frente. Todo sigue igual:

Unos medios corruptos, apesebrados, untados y envilecidos enviando consignas y propaganda, que no información, a una gran masa aborregada y lanar, que no es capaz de pensar por sí misma.

Y si mañana les dicen que hay ponerse una vacuna para parar la guerra de Ucrania ¡se la pondrán! ¡Vaya que si se la pondrán!

Esto, de momento es un meme. Ya veremos dentro de un tiempo.

Alguien tenía que decirlo – 1

Alguien tenía que decirlo. Cada uno tiene su pasado, qué se le va a hacer, y yo tengo el mío, claro.

Durante años fui colaborador de la SER, en Radio Cartagena, y allí hacía mis programas, de diferente naturaleza. Yo escribía los guiones de todos ellos y, después, a unos les daba voz yo mismo (locutaba se dice, aunque no me gusta el palabro) y a otros les daban voz locutores profesionales.

Radio Cartagena Cadena SER
¡Qué tiempo tan feliz!

Uno de aquellos programas se llamaba «Alguien tenía que decirlo», se emitían lo sábados, y trataban sobre el uso correcto o incorrecto del idioma. Revolviendo en mis papeles he encontrado por casualidad dos de aquellos guiones. Uno se emitió el día 21 de noviembre de 1998. Y era así:

Programa de radio «Alguien tenía que decirlo» – 21-11-1998

Queridos amigos: buenos días o buenas tardes. Es bien sabido que ésta emisora es la que tiene más oyentes de nuestra zona pero, además, me gustaría que también fuese la que tuviese más escuchas.

Y digo esto porque mientras que oír es percibir los sonidos que nos llegan, escuchar es prestar atención a lo que se oye.

Por eso, está muy feo que cuando no entendemos algo que nos están diciendo, digamos: «¡No te escucho!» «Hombre, pues presta más atención» nos podrá contestar el otro.

(Ráfaga)

Yendo al grano, quiero referirme a las trampas que nos tiende el idioma, cuando no lo dominamos bien.

Por ejemplo si yo dijese, aquí y ahora, que hago este programa por uebos todos los sábados, podrían haber reacciones varias.

Algunos de mis paisanos cartageneros dirían que me he «escarrilao» y otros aún más castizos que «habría salido por churras» que es la versión local de los Cerros de Úbeda y ahí pararía la cosa para ellos, porque los cartageneros solemos ser apáticos e indolentes para la mayoría de las cosas.

Pero habría algunos que llamarían o escribirían a la dirección de la emisora y me pondrían de chupa de dómine.

Y estarían cometiendo un error. Porque la palabra «uebos», acabada en s, con b y sin hache, está en nuestro idioma y significa «necesidad» o «cosa necesaria«.

Por tanto, decir que hago el programa por uebos es tanto como decir que lo hago por necesidad, por necesidad laboral, se entiende.

Aquellos que aún tengan dudas pueden comprobarlo en el diccionario tan pronto como acabe el programa, o dicho en cartagenero castizo: «en tas que termine».

(Ráfaga)

Pero si bien hay palabras que suenan mal pese a ser correctas (y ésta suena mal, lo reconozco), hay otras que suenan bien y sin embargo no lo son.

El otro día le oí decir en televisión a un conocido periodista -ya saben que en este programa vamos a decir siempre el pecado pero no el pecador- le oí decir, repito, que un político (un ministro para ser más exactos) era una persona muy asequible.

Bien, yo supongo que quería decir que era alguien de talante muy abierto y a la que se puede llegar con facilidad. Pero eso se llama accesible, de acceder.

En cambio, asequible significa que se puede conseguir porque tiene un precio a nuestro alcance.

O sea, que se puede alcanzar, pero no de acceder, sino de comprar.

Hombre, yo no sé si el periodista lo estaba diciendo «a cosica hecha» y si ese político es realmente asequible o no pero, en cualquier caso, está feo decirlo de esa manera.

(Ráfaga)

Antes he dicho que alguien me podría poner de «chupa de dómine», y todo el mundo sabe que es poner como un trapo a alguien, hablando mal de él, echándole en cara todos sus errores, afeando su conducta e incluso dirigiéndole algunos «piropos» envenenados.

Pero para aquellos que no lo sepan, quiero explicar el origen de la frase, y es que se llamaba chupa a la chaqueta que solía vestir el dómine, que era el maestro de gramática latina y cuyos pocos recursos para renovar su vestuario o su escaso interés por el aseo personal se hizo proverbial por lo que la chupa del dómine solía estar hecha un auténtico asco. 

(Ráfaga)

Y también dije que «salir por Churras» es, en cartagenero, lo mismo que «salir por los cerros de Úbeda».

Esta frase coloquial, que viene a decir que alguien está diciendo despropósitos o extravíos tiene su origen, claro, en la ciudad de Úbeda, en Jaén, y allí hay unos cerros que separan los ríos Gualdalquivir y Guadalómar.

Según se cuenta, hubo hace mucho tiempo un alcalde que tenía una amante que vivía en la zona de los cerros, y a donde él se iba con frecuencia, naturalmente.

Una vez, estando en un pleno municipal, el alcalde comenzó a alejarse del asunto central que les ocupaba y comenzó a divagar y a decir cosas que no venían a cuento, quizás por no estar muy al tanto de los problemas que debían ocuparle.

Entonces, un concejal, con mucha socarronería, le dijo que no debía irse tanto por los Cerros de Úbeda. Y así comenzó el éxito de la frase.

Hasta el próximo sábado, queridos radioescuchas.

Alguien tenía que decirlo.

Occidente, hoy

Occidente, hoy, eso pensé. Pasé un día junto a una feria y me vino a la cabeza que era una representación de la civilización occidental de hoy.

Un futuro oscuro para la cultura occidental, para Occidente
Una metáfora triste

El fin de Occidente

Gente deslumbrada con las luces destellantes, ensordecida con música a todo volumen,  cruzándose y sin conocerse, sin mirarse a la cara, cada uno acelerado sin ir a ninguna parte, como un hámster en un rueda. Eso es nuestra civilización, hoy.

Un futuro oscuro

Por encima, planeando nubes oscuras, amenazadoras.  Y al fondo, un horizonte muy, muy negro. Sí, me parece una perfecta síntesis de Occidente, hoy.

Pesimismo

Es verdad, soy muy pesimista con respecto al futuro de esta civilización. Creía que, por mi edad, no iba a llegar a ver el fin, pero ahora ya creo que hasta puede que lo vea.

Las mentiras del cambio climático

Discurso sobre el cambio climático pronunciado por Michael Crichton el 25 de enero de 2005 en el National Press Club de Washington, D.C.


Estar hoy en Washington me recuerda que la única persona que me haya ofrecido nunca un trabajo en Washington fue Daniel Patrick Moynihan. De eso hace treinta años, cuando él trabajaba para Nixon.

Moynihan era mi héroe, el ejemplo de intelectual comprometido con las políticas públicas. Lo que yo admiraba era que enfrentaba cada asunto de acuerdo con los datos y no con un sistema de creencias.

Moynihan podía trabajar para un presidente demócrata o republicano. Recibió muchos ataques por sus
análisis, pero acertaba más a menudo que erraba.

Moynihan era un demócrata y yo soy un agnóstico político. También crecí en una tradición científica que consideraba a la política como algo inferior: si no eres suficientemente brillante como para dedicarte a la ciencia, puedes dedicarte a la política.


Sigo teniendo este prejuicio. Asimismo, procedo de una tradición más vieja y rígida que considera a la ciencia como un trabajo de probar teorías con datos mensurables del mundo exterior. Las hipótesis que no pueden someterse a prueba no serían ciencia, sino otra cosa.

Medio ambiente

Vamos a hablar sobre medio ambiente, así que debería decirles que soy hijo de una madre que hace 60 años insistía en la comida orgánica, reciclaje y eficiencia energética mucho antes de que la gente tuviera palabras para definir esas ideas.

Volvía locos a los vendedores de neveras. Y durante años he reciclado mi basura, instalado paneles solares y dispositivos de bajo consumo, conducido automóviles diesel y empleado pañales de tela para mi hijo, ideas que aprobaba en su momento.


Sigo creyendo que la conciencia medioambiental es terriblemente importante. El medio ambiente es el sistema que soporta nuestra vida en común, es lo que dejamos a la próxima generación y según cómo actuemos hoy habrá consecuencias (tal vez consecuencias serias) para las generaciones futuras.

Pero también he llagado a creer que nuestra opinión ortodoxa está mal dirigida, no es científica, está gravemente desactualizada y es dañina para el medio ambiente. El Parque Nacional de Yellowstone
está filtrando aguas residuales sin control en sus terrenos. Debemos estar haciendo algo mal.


Desde mi punto de vista, nuestra visión del calentamiento global ejemplifica todo lo que va mal en nuestra visión del medio ambiente. Estamos basando nuestras decisiones en la especulación, no en la evidencia.

Los ecologistas refuerzan sus opiniones más con relaciones públicas que con datos científicos. De hecho, hemos permitido que todo este asunto se politice (rojos contra azules, republicanos contra demócratas).

En mi opinión, esto es absurdo. Los datos no son políticos. Los datos son datos. La política nos encamina hacia una creencia. Los datos, si los seguimos, nos llevan a la verdad.


Cuando era estudiante en los años 1950, igual que muchos niños, me di cuenta de que África parecía ajustarse muy bien al perfil de Sudamérica. ¿Hubo un tiempo en que estuvieron conectados?, pregunté a mi maestro, quien me dijo que este aparente ajuste era sólo un accidente y que los continentes no se movían.

Me había preocupado esto, sin saber que había habido gente con la misma preocupación desde que Francis Bacon advirtió lo mismo en 1620. Un alemán llamado Wegener había desarrollado una teoría más moderna en 1912. Pero aún así, mi maestro dijo que no.


Diez años después, cuando yo ya estaba en la Universidad, se reconoció que los continentes realmente se movían y lo habían hecho durante la mayor parte de la historia de la Tierra. Habían nacido la deriva continental y las placas tectónicas. El maestro estaba equivocado.

Predicciones sobre el cambio climático

Ahora saltemos a los años 1970. Gerald Ford es Presidente, Saigón cae, Hoffa desaparece y en climatología las evidencias apuntan a un enfriamiento catastrófico y una nueva edad de hielo.

Esos temores se habían ido creando durante muchos años. En el primer «día de la Tierra», en 1970, Kenneth Watt de la Universidad de California Davis decía: «Si continúan las tendencias actuales, el mundo estará unos cuatro grados más frío en 1990, llegando a once grados menos para el año 2000. Es más del doble de lo que nos situaría en una edad de hielo».

International Wildlife advertía que»debe ahora considerarse una nueva edad de hielo junto a una guerra nuclear». Science Digest decía: «debemos prepararnos para la próxima edad de hielo».

El Christian Science Monitor advertía que los armadillos se habían ido de Nebraska porque hacía demasiado frío, los glaciares habían empezado a avanzar y las estaciones de cultivo habían disminuido en todo el mundo.

Newsweek informaba de «malos agüeros» sobre un «cambio esencial en el clima del mundo». Pero en realidad, todas estas afirmaciones eran erróneas.

Los cambios del cambio climático

El temor a una edad de hielo se había desvanecido cinco años después, para verse reemplazado por el temor a un calentamiento global. Este temor aumentó con la explosión demográfica.

En 1995, había 5.700 millones de personas, subiendo un 10% en los últimos cinco años. Volviendo a los años 90, si alguien nos hubiera dicho: «La explosión demográfica se está exagerando. En realidad, en los próximos cien años, la población disminuirá».

Eso contradiría lo que todos los grupos ecologistas estaban diciendo, lo que la ONU estaba diciendo. Hubiéramos considerado escandalosa esa afirmación.

Más o menos lo que consideraríamos de la afirmación de que el calentamiento global se está exagerando en 2005. Pero de hecho ahora sabemos que la persona hipotética de 1995 tenía razón. Y sabemos que hace veinte años había fuertes evidencias de que iba a pasar. Es sólo que no nos habían informado acerca de la evidencia contradictoria, pues la opinión ortodoxa, con su increíble poder, la mantenía alejada.

Gráfico de la revista Wired mostrando la disminución de la tasa de fertilidad durante los últimos cincuenta años.

Menciono estos ejemplos porque, de acuerdo a mi experiencia, todos tendemos a tener mucha fe en la ciencia. Creemos lo que nos dicen. Mi padre sufrió una vida llena de margarina, antes de acabar muriendo de todas formas de un ataque al corazón. Otros hemos llenado nuestros cólones de fibra para prevenir el cáncer, sólo para saber después que todo era una pérdida de tiempo, y de fibra.

Cuando escribí Parque Jurásico, me preocupaba que la gente rechazara la idea de crear un dinosaurio por absurda. Nadie lo hizo, ni siquiera los científicos. Me dijeron que un experto en genética de Harvard, uno de los primeros en leer el libro, lo cerró de golpe al finalizarlo y anunció «¡Puede hacerse!» No captó la idea.

Poco después, un congresista anunciaba que iba a presentar una propuesta legislativa para prohibir la investigación que llevara a crear un dinosaurio. Contuve el aliento, pero mis esperanzas quedaron defraudadas. Alguien le susurró al oído que no podía hacerse.

Aún así, perdura esa creencia. Los periodistas suelen preguntarme: «Cuando investigaba para Parque Jurásico, ¿visitó laboratorios de biotecnología reales?». No, les decía, ¿para qué? No sabían cómo fabricar un dinosaurio. Y aún no lo saben.

Así pues, todos tendemos a dar crédito a la ciencia, incluso sin justificación. Les mostraré esta noche algunos ejemplos de crédito injustificado. Aquí va un ejemplo para empezar. Ésta es la famosa ecuación de Drake de los años 1960 para estimar el número de civilizaciones avanzadas en la galaxia.

N = N*fp ne fl fi fc fL


Donde N es el número de estrellas en la Vía Láctea; fp es la fracción que tiene planetas; ne es el número de planetas por estrella capaces de mantener vida; fl es la fracción de planetas donde la vida evoluciona; fi es la fracción donde evoluciona la vida inteligente; fc la fracción que se comunica y fL es la fracción de vida planetaria durante la que viven las civilizaciones comunicantes.

El problema de esta ecuación es que no se puede conocer ninguno de sus componentes. En consecuencia, la ecuación de Drake puede tener cualquier valor desde «billones de billones» a cero. Una expresión que puede significar cualquier cosa no significa nada.

La apariencia matemática es engañosa. En términos científicos (quiero decir con este término hipótesis que puedan probarse), la ecuación de Drake es en realidad un sinsentido.

Aquí va otro ejemplo. La mayoría de la gente lo lee y asiente:

¿Cuántas especies existen? La cuestión resulta cada vez más importante, pues plantas y animales desaparecen incluso antes de que los científicos puedan identificarlos.

Vale, esperen un momento… ¿Cómo podemos saber que algo ha desaparecido antes de que lo identifiquemos? Si no sabíamos que existía, no hay forma de que sepamos que ya no está. ¿No? De hecho la frase no tiene sentido. Si no nos hemos casado, nunca sabremos si nuestra esposa nos abandonó.


Vale. Con esta introducción, ocupémonos de las evidencias, tanto gráficas como verbales, sobre el calentamiento global. Como ya habrán escuchado muchas veces hay consenso entre los climatólogos sobre la creencia en el calentamiento global.


Históricamente, aludir al consenso ha sido el primer refugio de los canallas: es una forma de evitar el debate afirmando que el asunto está ya resuelto. Siempre que oigan que el consenso científico acuerda una cosa u otra, echen mano a la cartera, porque les va a tocar.


Seamos claros: el trabajo científico no tiene nada que ver con el consenso. El consenso es algo propio de la política. La ciencia, por el contrario, requiere que sólo un investigador resulte tener razón, lo que significa que obtenga resultados que sean verificables en relación con el mundo real. En la ciencia, el consenso es irrelevante.

Lo que importan son los resultados reproducibles. Los grandes científicos de la historia son grandes precisamente porque rompieron los consensos.

Además, el consenso científico ha resultado frecuentemente erróneo. Igual que cuando se creía cuando yo era más joven que los continentes no se movían. Así que debemos recordar las palabras inmortales de Mark Twain, que dijo: «Cuando que te encuentres del lado de la mayoría, es momento de detenerse y reflexionar».


Así pues, examinemos el calentamiento global. Empezaremos con el resumen para políticos, que es lo que lee todo el mundo. En un momento entraremos en detalles, pero por ahora supondremos que el resumen incluye todo lo importante y llegando a la página tres encontramos los que podría decirse que son los dos gráficos más importantes de la climatología en 2001.


El gráfico superior se ha tomado del Hadley Centre en Inglaterra y muestra el calentamiento global en la superficie. El gráfico inferior procede de un equipo de investigación estadounidense encabezado por Mann y muestra la temperatura de los últimos mil años. De estos dos gráficos, uno está completamente desacreditado y el otro seriamente cuestionado. Empecemos por el gráfico superior. He redibujado el gráfico en Excel y tiene este aspecto:


Lo primero que hay que decir es que hay alguna incertidumbre acerca de cuán grande ha sido el calentamiento. El IPCC dice que el incremento de las temperaturas en el siglo XX está entre los 0,4 y 0,8 grados. El Instituto Goddard dice que entre 0,5 y 0,75 grados. Hay un buen grado de incertidumbre acerca de cuánto ha sido el calentamiento global.

Pero tomemos el gráfico tal como está. Muestra un calentamiento de 0,4 grados hasta 1940, que precede a la gran industrialización y por tanto puede ser un proceso en buena medida natural o no. Después, desde 1940 hasta 1970 las temperaturas bajaron. Esa fue la razón del temor a un enfriamiento global y el miedo a que no volviera nunca a calentarse. Desde entonces, las temperaturas han ido subiendo, como puede verse. Han subido en asociación con los niveles de dióxido de carbono. Y la base de la afirmación de que el CO2 produce calentamiento se basa en este registro de treinta y cinco años.

Pero debemos recordar que este gráfico en realidad muestra variaciones anuales en la temperatura media superficial de la tierra a lo largo del tiempo. Que la temperatura media total es de aproximadamente 14 grados. Así que si hacemos un gráfico de toda la fluctuación media, tendría este aspecto:

Así que todo el interés reside en esta pequeña fluctuación en la superficie. Aclaremos que estoy haciendo un gráfico con los datos de forma que se minimiza. Pero el gráfico anterior lo que hace es maximizarla. Si pone una pelota bajo un microscopio parecerá la superficie de la luna. Pero es suave al tacto. Ambas cosas son ciertas. La cuestión es cuál importa.

Como creo que la evidencia es débil, les pido que recuerden el segundo gráfico. Ahora, la pregunta es: ¿es extraordinario el incremento de temperatura de este siglo XX? Para ello debemos atender al segundo gráfico de Michael Mann, conocido como el «palo de hockey»:

Este gráfico muestra los resultados de un análisis de 112 llamados estudios de aproximación: anillos arbóreos, isótopos en hielo y otros indicadores de temperaturas relativas. Como es lógico, no había termómetros en el año 1000, así que las
aproximaciones son necesarias para hacerse una idea de las temperaturas del pasado.

Los resultados de Mann fueron una de las piezas maestras del último estudio de la ONU y la base para la afirmación de que el siglo XX mostró el aumento más acusado de temperaturas de los últimos mil años. Esta afirmación se hizo en 2001. Pocos la repetirían hoy día. El trabajo de Mann se ha visto atacado desde varios laboratorios en todo el mundo. Dos investigadores canadienses, McKitrick y McIntyre, rehicieron el
estudio empleando los datos y métodos de Mann y encontraron docenas de errores, incluyendo dos series de datos con exactamente los mismos datos para unos cuantos años. No fue sorprendente que, una vez que corrigieron todos los errores, llegaran a resultados muy diferentes.

Aún así, el incremento es abrupto e inusual ¿no? Bueno, pues no, porque resulta que Mann y sus colaboradores emplearon una fórmula no estandarizada para analizar los datos y esta fórmula particular convierte cualquier cosa en un palo de hockey… incluyendo datos al azar generados por un ordenador.

El físico Richard Müller calificó este resultado como «sorprendente»… y tiene razón.

Hans von Storch calificó al estudio de Mann como «basura». Ambos son defensores acérrimos del calentamiento global. Pero el descrédito en que ha caído su estudio nos lleva a preguntarnos qué variación del clima es normal. Veamos unas pocas estaciones:

Aquí vemos que el actual aumento de temperatura, aunque se aprecia, está lejos de ser exclusivo. París era más caluroso en los 1750 y 1830 que hoy.

Pasa algo parecido si vemos Stuttgart desde 1950 hasta hoy. El incremento parece espectacular. Si vemos el registro completo, se pone en una perspectiva completamente diferente. Y de nuevo, hacía más calor en los 1800 que ahora.

Ahora, estos gráficos se tomaron del sitio web del GISS en el momento en que hice mi investigación para el libro. Aquellos que crean que la ciencia se presenta de una forma neutral, pueden preguntarse por qué se han cambiado los datos.

No puedo comentar por qué el Instituto Goddard cambió los datos de su sitio web. Pero está claro que eso hace que el registro de temperaturas parezca creciente de una forma más constante y más aterradora de lo que era hace unos pocos meses.

De acuerdo. Una vez demolido el segundo gráfico, es hora de volver con el primero. Ahora debemos preguntarnos, si las temperaturas superficiales han subido durante el siglo XX, ¿qué ha causado la subida? A la mayoría de la gente se le ha enseñado que el incremento lo causa el dióxido de carbono, pero esto no está claro en absoluto.

Dos factores que hasta ahora no aparecían han recuperado recientemente la atención de los científicos. El primero es el sol. En el pasado se imaginaba que el efecto del sol era prácticamente constante y por tanto cualquier incremento de temperaturas debía ser causado por otro factor. Pero en este momento está claro, a partir del trabajo de científicos del Instituto Max Plack de Alemania, que el sol no es constante y justo ahora se encuentra en el máximo del milenio.

Aquí se demuestra que la radiación solar y la temperatura superficial estar interrelacionadas hasta tiempos recientes. Solanki dice que el sol es insuficiente para explicar las temperaturas actuales y por tanto hay otro factor que influye, presumiblemente, los gases de efecto invernadero. Pero la cuestión es si el sol influye de forma significativa en el calentamiento del siglo XX. Nadie está seguro. Pero es probable que lo haga en mayor cantidad de la que se pensaba anteriormente.

Ocupémonos ahora de las ciudades:

Otro factor que podría alterar los registros es el calor generado por las ciudades. A esto se le denomina el prejuicio del calor urbano y como con los efectos solares, los científicos tendían a pensar que el efecto, aunque real, era relativamente pequeño. Por eso el IPCC sólo otorgaba seis centésimas de grado al calentamiento urbano.

Pero ahora sabemos que muchas ciudades son 7 u 8 grados más cálidas que el campo que les rodea.

Un gráfico de un coche circulando por Berlín a lo largo de un día. La diferencia entre la ciudad y el campo es de 7 grados.


Algunos estudios sugerían que el ajuste adecuado del registro debía ser cuatro o cinco veces superior al otorgado por el IPCC.

Entonces, ¿qué significa esto para nuestro registro? Bien, recordemos que el calentamiento total del siglo XX es de seis décimas de grado.

Si parte de éste procede del uso de la tierra y el calentamiento urbano (y un estudio sugiere que es de 0,35º C este siglo) y parte procede del calentamiento solar (0,25º C este siglo), entonces la cantidad atribuible al dióxido de carbono resultará ser menor.

Déjenme repetirlo: ahora mismo nadie sabe en qué medida es atribuible al dióxido de carbono. Pero si el dióxido no es el factor principal, puede que no tenga mucho sentido tratar de limitarlo. Hay muchas razones para reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles y yo apoyo una reducción de ese tipo. Pero el calentamiento global puede no ser la razón principal, ni siquiera una buena razón.

Una vez estudiado el calentamiento pasado, nos ocupamos del asunto más importante. ¿Qué pasará en el futuro?

Para responder a ello, debemos dirigirnos al órgano de la ONU conocido como Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático. El IPCC, el patrón oro de la climatología. En los últimos diez años, el IPCC ha publicado un libro tras otro. Aún así, creo que pocos los han leído. Lo digo porque si cualquier periodista leyera con algo de cuidado estos volúmenes acabarían sintiéndose extremadamente incómodos… y no de la forma que pretenden los textos.

El volumen más reciente es el Tercer Informe de Evaluación, de 2001. Contiene los puntos de vista más actualizados de científicos en este campo. Veamos lo que dice el texto. Voy a leer en voz alta.

Empezamos por la primera sección, El sistema climático: Visión general, vamos a la primera página del texto y en el tercer párrafo, vemos esto:

Perdónenme, pero estos libros están escritos en academiquense. Son difíciles de descifrar, pero lo haremos frase a frase y los traduciremos al inglés vulgar. La primera frase dice:

Las variaciones y cambios climáticos, causados por fuerzas externas, pueden ser parcialmente predecibles, particularmente en las mayores escalas espaciales, continentales y globales.


Lo que realmente dice es que el clima puede ser predecible parcialmente.

Vamos con la segunda frase:

Como las actividades humanas, como la emisión de gases de efecto invernadero y el cambio de uso de los terrenos, resultan generar fuerzas externas, se cree que los aspectos a gran escala de cambio climático inducido humanamente son asimismo parcialmente predecibles.


Esto significa: Creemos que el cambio climático inducido por el hombre es predecible.

Tercera frase:

Sin embargo, la capacidad de hacerlo realmente es limitada, porque no podemos predecir con precisión el cambio poblacional y económico, el desarrollo tecnológico y otras características relevantes de la futura actividad humana.


Significa: Pero no podemos predecir el comportamiento humano.

Cuarta frase:


Esta lógica es difícil de entender. ¿Qué significa «pueden ser parcialmente predecibles»? ¿Es como estar un poco embarazada? Vemos como en dos frases pasamos del puede ser predecible al es predecible. Y además, si no podemos hacer predicciones precisas acerca de la población, el desarrollo y la tecnología… ¿cómo hacemos un «escenario cuidadosamente elaborado»? ¿Qué significa un «escenario cuidadosamente elaborado» si no podemos hacer predicciones precisas acerca de la población, la economía y otros factores que son esenciales para el escenario?

Visto con más detalle, el razonamiento lógico es asombroso. ¿Estoy exagerando?
Veamos otra cita:

El estado presente de la ciencia es tal que sólo es posible dar ejemplos ilustrativos de posibles resultados.


Ejemplos ilustrativos. Las estimaciones de incluso el cumplimiento parcial de Kioto por EE.UU. (una reducción del 3% por debajo de los niveles de 1990, no el 7% que se solicita), se ha predicho que costaría casi 300.000 millones de dólares anuales. Un año tras otro. Podemos pagarlo. Pero si vamos a gastar billones de dólares, me gustaría basar esa decisión en algo más sustancial que en «ejemplos ilustrativos».

Veamos otra cita.

Mi preocupación se acentúa cuando leo «Los modelos climáticos ahora tienen cierta capacidad para simular cambios en el clima desde 1850 (…)» ¿Cierta capacidad? Esa no es una capacidad de predecir el futuro. Es capacidad de reproducir el pasado. No parece que esos modelos realmente trabajen muy bien. Será natural preguntar cómo se prueban.

Aunque no consideramos que la complejidad de un modelo climático haga imposible probar que dicho modelo sea «falso» en un sentido absoluto, sí hace la tarea de evaluación extremadamente difícil y deja espacio a un componente subjetivo en cualquier evaluación.

Los defectos de este proceso son conocidos. James Madison, nuestro cuarto Presidente: Ningún hombre puede ser juez de su propia causa, pues su interés sin duda condicionaría su juicio y no es improbable que corrompa su integridad.


Madison tiene razón. La climatología necesita verificación externa. Y otra vez: ¿estoy exagerando? Parece que no. Más adelantemos, leemos en el texto:

La predicción a largo plazo de los estados climáticos futuros no es posible.

Indudablemente, esto debería llevarnos a cerrar el libro en este momento. Si el sistema climático es no-lineal y caótico (como es), no puede predecirse y si no puede predecirse, ¿qué estamos haciendo? ¿Por qué nos preocupa el año 2100?


De acuerdo, podemos decir. Quizá este sea el estado de la climatología, como nos dice el propio IPCC. Sin embargo leemos todos los días acerca de las graves consecuencias del calentamiento global. ¿Y si estoy equivocado? ¿Qué pasaría si realmente estuviera a punto de producirse un gran aumento de las temperaturas? ¿No deberíamos actuar ya y estar seguros? ¿No tenemos una responsabilidad con las generaciones futuras para hacerlo?

Aquí vemos de nuevo el gráfico del IPCC de predicciones para el futuro. Como vemos, abarca de un mínimo de 1,5 grados a un máximo de 6. Es una variación del 400%. Es correcta en una investigación académica. Pero trasladémosla al mundo real.


En el mundo real una incertidumbre de 400% es tan grande que nadie la tendría en cuenta. Nunca. El gráfico siguiente muestra algunos de los rangos de estimación del mundo real. Si estimamos nuestros impuestos para el gobierno de EE.UU., debemos estar dentro de un 10% o pagaríamos una multa.

Si viajamos en avión, el piloto estimará el aterrizaje con un margen de pocos minutos, alrededor de 3% del tiempo de vuelo. El aterrizaje de la Mars Rover se predijo tan ajustadamente que ni siquiera se ve en el gráfico. Un viaje de 258 días se estimó con un margen de pocos minutos. Y si construimos un edificio comercial, esperaremos que el constructor lo termine con un margen entre el 5 y el 10 por ciento. Ese es el mundo real.


Ahora comparemos estos ejemplos del mundo real con la incertidumbre de la climatología. Hay un 50% de incertidumbre respecto del pasado y un 400% respecto del futuro.

Si planeáramos construir una casa y el constructor dijera que nos iba costar entre un millón y medio y seis millones de dólares, ¿seguiríamos adelante? Por supuesto que no.


Buscaríamos otro constructor. Si dijéramos a nuestro jefe que nos vamos de vacaciones y nos iríamos entre 15 y 60 días, ¿lo aceptaría? No, nos diría que le dijéramos exactamente qué día íbamos a volver. La estimación en el mundo real tiene que ser mucho, mucho mejor que un 400%.

Visto todo, Kyoto resulta ser un gigantesco proyecto de construcción global. En el mundo real nadie construye con tanta incertidumbre. Luego debemos afrontar hechos del presente. Si el calentamiento es un problema, no tenemos buenas soluciones técnicas en este momento. Todo el mundo habla de parques
eólicos, pero la gente los odia. Son feos, ruidosos, cambian el tiempo, despedazan pájaros y murciélagos y se rechazan en todas partes donde se propone establecerlos. Ahí está el parque eólico de Cape Cod, que ha alterado a todos los que allí viven, incluyendo un montón de ecologistas que se avergüenzan, pero aún así… no los quieren.

¿Quién puede reprochárselo? Una facción antieólica muy grande ha crecido en Inglaterra, en parte porque el gobierno está intentando poner parques en el Lake District y otras zonas panorámicas.
Pero aparte de que nos guste o no esta tecnología, la cuestión esencial es: ¿Tenemos realmente la capacidad de cumplir el protocolo de Kyoto? En un informe en la revista Science, un selecto grupo de científicos concluye que no.


Así que si no tenemos buenas tecnologías, quizá debamos esperar hasta que las tengamos. ¿Es esto razonable? Bien, consideremos este gráfico.


Es importante entender que podemos adaptarnos a los cambios de temperatura que se han tratado. Se nos ha dicho que la catástrofe ocurrirá si incrementamos en 2 grados la temperatura global. Pero ésa es la diferencia de temperatura entre Nueva York y Washington D.C. No creo que ningún habitante de Nueva York le importe un cambio al suave clima de Washington. Igualmente, la diferencia entre Nueva York y San Diego es de 9 grados más. La gente sobreviviría. En realidad, algunos lo preferirían.

Es evidente que no es una comparación justa, ya que un cambio local no es lo mismo que un cambio global. Lo acepto. Pero este gráfico tendría que alertarnos sobre la posibilidad de que quizá las cosas no sean tan graves como se nos dice. Como se nos decía hace treinta años acerca de la edad de hielo.

Para acabar, quiero que piensen acerca de lo que significa decir que vamos a actuar ahora ocupándonos de algo para dentro de 100 años. La gente dice esto con seguridad: escuchamos que la gente del futuro nos condenará si no actuamos. ¿Es cierto?


Estamos empezando el siglo XXI, mirando adelante. Somos como alguien que en 1900 pensara acerca del año 2000. ¿Nos podía haber ayudado alguien?

Aquí tenemos a Teddy Roosevelt, una importante figura medioambiental de 1900. Éstos son algunos términos que no entendería:

AeropuertoAntibióticoAnticuerpo
AntenaOrdenadorDeriva continental
VideoVirusGen
ProtónNeutrónEstructura atómica
Huellas dactilaresAerobic12 pasos
Propulsión a chorroNeurosis de guerraOnda de choque
Placas tectónicasCremalleraRadio
TelevisiónRobotDVD
MP3Resonancia magnéticaVIH
4 por 4VHSIVA
Lesión de cervicalesTúnel del vientoTúnel carpiano
Fibra ópticaMarcación directaParabólicas
GorilaQuarkBomba atómica
Energía nuclearEcosistemaMono (ropa)
Trasplante de córneaTrasplante de hígadoTrasplante de corazón
LiposucciónTrasducciónMáser
TáserLáserAcrílico
PenicilinaInternetInterferón
NylonRayónOnda de radio
MicroondasMaremotoTsunami
DIURopa deportivaLeotardo
Barra americanaLaparoscopiaArtroscopia
Terapia genéticaBipolarMoonwalking
Soladura de puntosMisil guiado por calorProzac
BronceadorLeyendas urbanasMóvil de prepago

Vistos todos estos cambios, ¿hay algo que Teddy pudiera haber hecho en 1900 para ayudarnos? ¿No estamos ahora en la misma situación respecto del 2100?

Pensemos en cuán increíblemente ha cambiado el mundo en 100 años. Cambiará mucho más el próximo siglo. Hace cien años no había aviones y prácticamente tampoco coches. ¿Realmente creemos que dentro de 100 años seguiremos quemando combustibles fósiles y moviéndonos en coches y aviones?


La idea de gastar billones en el futuro sólo puede entenderse si no tenemos en absoluto ningún sentido histórico ni imaginación acerca del futuro. Si no deberíamos gastar nuestro dinero en Kyoto, ¿qué deberíamos de hacer en su lugar?

Primero, necesitamos trasladar la teoría de la complejidad a la gestión del medioambiente. Necesitamos reconocer qué hemos gestionado mal cuando hemos intentando proteger la vida salvaje, por ejemplo en nuestros parques nacionales, donde nuestra administración ha sido un desastre tras otro. Hemos fracasado porque el medio ambiente es un sistema complejo, un término que tiene en ciencia un significado específico.

Más que ser complicado, significa que las partes que interactúan y que se modifican entre sí tienen la capacidad de cambiar los resultados del sistema en formas inesperadas.

En el pasado siglo XX, hemos aprendido mucho acerca de sistemas complejos. Tenemos buenas investigaciones para ayudarnos a formular estrategias de gestión de sistemas complejos. Deberían haberse adoptado hace veinte años. Siguen sin ser aceptadas. Debemos hacerlo. Por muchas razones. La primera es que seríamos verdaderos administradores del medio ambiente, sería un trabajo real, no un eslogan.

Un trabajo muy difícil. Y la segunda, les diré que gestionar adecuadamente lo que llamamos la vida salvaje va a ser asombrosamente caro. Segundo, y más importante: no podemos predecir el futuro, pero podemos entender el presente. En el tiempo que llevo hablando han muerto 2.000 personas en el Tercer
Mundo.

Cada 7 segundos hay un niño que queda huérfano por culpa del SIDA. Cincuenta personas mueren cada minuto por enfermedades relacionadas con el agua que beben. Esto no tiene que pasar. Lo estamos tolerando.

¿Qué nos pasa que ignoramos esta miseria humana y nos ocupamos de cosas de dentro de cien años? ¿Qué debemos hacer para despertar a nuestra egoísta, mimada y extraordinariamente rica sociedad hacia lo que pasa en el resto del mundo? La crisis global no sucederá dentro de 100 años, sucede ahora. Deberíamos estar ocupándonos de ella. Pero no. En su lugar, nos aferramos a las doctrinas reaccionarias y antihumanas de un ecologismo trasnochado y damos la espalda a los lamentos de los moribundos y los
hambrientos y los enfermos de nuestro mundo común.

¿Vamos a gastar dinero?


Pero si vamos a seguir mirando a nuestros ombligos para no preocuparnos por el Tercer Mundo, ¿podemos al menos preocuparnos por nosotros mismos? Vivimos en un país en el que el 40% de los graduados de secundaria son analfabetos funcionales. Donde los escolares pasan por detectores de metales en su camino a clase. En donde un niño de cada cuatro dice que ha visto una persona asesinada. Y donde millones de nuestros conciudadanos no tienen asistencia médica, ni una educación decente, ni perspectivas de futuro.

Si realmente tenemos que gastar billones de dólares, gastémoslos en nuestro prójimo. Y gastémoslos ahora mismo. Y no en nuestras imposibles fantasías sobre qué puede pasar dentro de cien años.

¡Mehr Licht!

Luz

Estaba yo pensando lo caro que se ha puesto el tocino cuando… no, es broma.

No me preocupa el precio del tocino porque no como carne, pero es una frase con que empezaba uno de los monólogos del gran Miguel Gila y, a veces, lo utilizo.

hace falta luz

Decía que estaba yo en mi coche esperando algo -siempre estamos esperando cosas- cuando un rayo de luz produjo un reflejo en el ambientador de automóvil que cuelga del espejo retrovisor.

Me recordó lo importante que es la presencia de luz, o ausencia de oscuridad, que es lo mismo. Algo que habitualmente no valoramos.

Y me acordé también del pobre Goethe, cuando, a punto de morir, pedía «Luz, más luz«, frase que se ha hecho famosa mundialmente.

En realidad no sabemos si fue así o no. Eso es lo que contó su médico, Carl Vogel. Para más inri, el galeno tampoco estuvo presente en el momento de su defunción, o sea, que también se lo contaron a él.

Sea cierto o no, es importante huir de la oscuridad, y no me refiero a la física claro, sino a la otra, a la de pensamiento. Y grito, como Goethe, ¡Licht, Mehr Licht!

Para mi desgracia, veo que los medios de manipulación se encargan de poner, cada día, más oscuridad. Para eso les pagan, claro.