La Vox del Averno

La vox del infierno.

No había terminado de aplaudir en el congreso la supuesta extrema derecha al títere de Soros, después de que este atacara a las empresas españolas, cuando de entre sus escaños se alzó la voz del Averno.

Aún no había cesado de caerse la careta de los presuntos antiglobaslistas lamiendo el traserillo al tipo que encierra a la oposición, al artífice de la primera ley racista de Europa tras las II Guerra Mundial, cuando de entre esos aplausos se destacó la voz del estigma de la pretendida ultraderecha. Era La vox del averno.

La vox del averno invocando a nuevas dosis.
La Vox del Infierno

La Vox que rebaja las expectativas de voto

Estaban todavía bajando a chorro las intenciones de voto de los patriotas de cartón, cuando el médico que no cobra de las farmacéuticas (desde que es diputado, ya lo aclaró su partido), decidió que aún seguían siendo demasiadas las personas que pensaban votarlos y había que rebajar eso. Sí, la vox del Averno resonaba.

Y le recordó a la ministra de salud que hay muchas dosis que pueden caducar y que ¿para cuándo la cuarta dosis?. Hay voces que surgen del congreso y parece que vienen del Averno.

Esa gentuza

Hay gentuza de muchos tipos. Por ejemplo, los que durante muchos meses han estado lanzando a diario mensajes de odio contra los no participantes en el experimento mundial de inyecciones ARNmensajero.

Ahora, en estos días que corren, andan recogiendo cable poco a poco; unos recogiendo tímidamente noticias que prueban la maldad del veneno, noticias que antes ocultaban celosamente.

Otros dejando tranquilos (por ahora) a los «negacionistas» y difuminando el odio.

Cambio de malo

El «virus» ha sido desplazado del foco por Putin, el nuevo malvado. La táctica es la misma, todos a una contra el malvado ruso y todos a favor del pobrecito Zelensky. Y el que diga algo diferente, es un negacionista y a la mazmorra con él. Los medios se encargan de decirnos lo que hemos de creer y lo que no.

Pero volvamos al bicho.

¿Habrá nueva ola y oleada contra los «antivacunas»? Puede ser, dependerá de cómo vayan los planes del Nuevo Orden Mundial, de la guerra de Ucrania, de las querellas en curso, de las finanzas de la farmacéuticas… Ya se verá.

De momento van acercándose los litigios interpuestos a los mensajeros del odio. Aquí, un ejemplo.

Este es el video completo pero, si quieres ir a la parte relacionada con los odiadores, puedes pasar directamente al minuto 5:12. De nada.

Esa gentuza

Esa gentuza, que es mucha, ha hecho mucho mal. Ha esparciado mucho odio contra los que han hecho una opción perfectamente legal, pero que no se ajustaba a los intereses de BlackRock, Vanguard, etc. que son los dueños de las farmacéuticas, los medios de comunicación y muchas cosas más. Son esos plutócratas que antes tanto odiaba la izquierda y para los que trabajan ahora.

Aquí hay una breve selección de esos odiadores con algunas de sus perlas, aunque su «producción» es mucho más extensa.

  • Luis Enjuanes (virólogo del CSIC): «Que a los no vacunados no les cubra la Seguridad Social».
  • Benjamín Prado (Poeta y tertuliano TV): «Que les pidan el pasaporte hasta para ir a comprar pan»
  • Risto Mejide (Publicista y presentador TV): «Hay que ponerles etiquetas para distinguirlos por la calle»
  • Miguel Lago (Humorista): «Hay que darles dos hostias»
  • Anabel Alonso (¿Cómica?): «Que tengan envidia. Vosotros no podéis y no debéis».
  • Federico Jiménez Losantos (Periodista): «Gentuza, criminales, bebelejías»
  • Ana Rosa Quintana (Presentadora TV): «Hay que vacunar a los niños, el nuevo foco de contagio»
  • Susana Griso (Presentadora TV): «Hay que hacerles la vida imposible»
  • Iñaki López (Presentador TV): «Cuñados. Votantes de Vox»
  • Ángel Expósito (Periodista): «¿Tenemos que pagarle la seguridad social a estos?»
  • José Sacristán (Actor): «Esos necios matan. Que paguen por imbéciles»
  • Javier Gurruchaga (Cantante): «Que no salgan de casa. Son un peligro público»
  • Angélica Rubio (Periodista): «La culpa es de la Justicia, que protege a estos locos»
  • Ernest Folch (Periodista): «Vacunación forzosa para los egoístas»
  • José García (Periodista): «Sin tolerancia. La libertad de un imbécil no vale nada»
  • Juan del Val (Guionista): «Son estúpidos. Les tendrían que perseguir»
  • Dani Mateo (Cómico y presentador TV): «Mira que eres idiota, fantasma antivacunas»
  • Andreu Buenafuente y Berto Romero (Cómicos): «Hay que utilizar el lanzallamas»
  • Miguel Ángel Revilla (exfalangista y actualmente presidente de Cantabria): «Hay que vacunarles, por las buenas o por las malas, por lo civil o por lo militar».

Esa otra gentuza

Y además de la gentuza emisora de odio está la receptora. Esa gentuza sin criterio propio ni dos dedos de frente que ha antepuesto el mensaje a sus sentimientos, sus relaciones, sus obligaciones morales y, como el conejito de Duracel, «y duran, y duran».

Cuando recibieron el mensaje de hacer el vacío a familiares y amigos, lo aplicaron. Ha pasado el tiempo, han tenido tiempo de informarse, de ver con sus propios ojos la realidad, pero… no.

Hay gente que es normal, por eso la llamo gente, y que ha caído del burro. Han cambiado de actitud, tanto consigo mismos -ya no piensan clavarse más- como con los demás.

Pero la otra, la gentuza, los miembros de la secta, los de la CUD (Covidianos de los Últimos Días), siguen aferrados a la mascarilla aunque estén solos en medio del Sahara, están esperando que les insinúen ponerse la cuarta o quinta dosis para hacer cola.

Y como las televisiones no les han dicho (ni les van a decir) expresamente «Vayan a visitar a sus familiares no vacunados, porque ya se sabe quu los vacunados se contagian y contagian igual que los no vacunados», pues ellos les siguen haciendo el vacío. Y puede que se lo sigan haciendo eternamente.

Les llamo gentuza por no llamarles otra cosa.

Sin novedad en el frente

Si novedad en el frente. A Putin, sea bueno o malo, había que darle, al menos, el Premio Nobel de Medicina. Le dieron el de la Paz a Obama con muchos menos méritos.

Ha conseguido, en dos semanas, lo que no consiguió la OMS y todos su expertos plandémicos del mundo mundial en dos años: sacar al puto virus de las televisiones.

¡Fuera bicho!

Ahora toca guerra

La guerra está de moda. Mejor dicho, la guerra de Ucrania. O aún mejor dicho, la guerra que empezó en Ucrania hace unos días, porque en Ucrania ya había guerra desde hace ocho años, pero esa no importaba.

Y tampoco importaban ni importan las otras muchas que hay por el mundo:

Hay en Afganistan, donde los talibanes reconquistaron el poder en 2021 y EEUU salió cagando leches y haciendo el ridículo tras 20 años.

En Yemen hay una y bien gorda, muy cruenta y con intervención y bombardeos de otros países. Pero… ¡bah! eso no interesa a los informativos.

La de Israel y Palestina ya forma parte del paisaje y ni la vemos.

Las hay de mayor o menor envergadura, intermitentes, enquistadas, parciales, de todos los tipos y colores. Está el caballo rojo del Apocalipsis, el que representa la guerra (hay que leer más la Biblia aunque sea por culturilla) en muchos lugares del planeta. A saber:

Etiopía, Mali, Níger, Burkina Faso, Congo, Mozambique, Myanmar (antes llamada Birmania), Haití… y alguna habrá que se me escape. Pero de pronto… de pronto… ¡Zas!

¡No a la guerra!

Se llenan los televisores de mensajes de «No a la guerra», hasta en las retransmisiones de los partidos de fútbol, los opinólogos que antes sabían todo del Covid, ahora llenan las tertulias televisivas y radiofónicas con sus expertas opiniones sobre la guerra… de Ucrania. Sólo la de Ucrania.

Hasta en los periódicos digitales deportivos locales, que no saben ubicar Ucrania en el mapa, y menos van a saber su historia y el origen del conflicto, ponen su «banner» de «No a la Guerra». Para quedar bien y no vaya a ser que los señalen.

Luego, los mensajes de «no a la guerra», van cambiando a «no a la invasión» para que vaya quedando claro quién es el bueno: el pobre gobierno ucraniano que ha estado masacrando 8 años a las provincias del Donbáss, y el malo, que es ese señor malvado, llamado Putin, que los medios de manipulación presentaron como socio de Donald Trump, para intentar dañar a ambos.

Luego ya va saliendo a la luz la trama, urdida por Clinton y sus secucaces, pero da igual.

El caso es que, con sus luces y sus sombras, Putin tiene que ser presentado como el malo. Y a ello se han puesto los medios de manipulación, como hicieron con la plandemia. El que hable bien de Putin se la carga.

Creo que es en Checoslovaquia donde se castigará con cárcel o multas (no recuerdo ahora) a quien apoye a Putin en las redes sociales. Los verificadores de la verdad ya se han puesto en marcha.

Un gran analista, el coronel Pedro Baños, ya ha dicho que a quien opine diferente sobre la guerra de Ucrania, lo «aplastarán». Y en esa misma intervención dice que es la única vez que va a hablar por la cuenta que le trae. La censura está aquí, pero luego vetan a RT y Sputnik, las agencias rusas, porque manipulan:

¿Por qué pasa esto?

Para entender el mundo hace falta, primero, saber historia. Lo que ocurre hoy suele tener sus raíces mucho más atrás. Meses, décadas, siglos, eras…

Segundo, hace falta investigar, no creerse nada de nadie a priori y buscar. Luego, después de recabar información, y después de digerirla, llegar a una conclusión PROPIA. Que puede estar equivocada, por supuesto, pero que es nuestra opinión, y no la que nos han insertado en el cerebro desde la tele. Igualito que con la plandemia.

Pero todo esto es laborioso, por supuesto. Hay que dedicarle esfuerzos, horas, y dejar de ver la telebasura que, al igual que la comida basura, es nociva pero… ¡es tan rápida y tan cómoda!.

A base de memes y mensajitos de Whatsapp pedimos estar a oscuras media hora, tal día y desde tal hasta tal hora, para que se joda Putin y sepa que no nos interesa su gas y podemos pasar sin energía. ¡Qué infantilismo el de esta civilización!

Si se quiere conocer con un poco de seriedad los orígenes de este conflicto, se puede empezar por leer el gran artículo de Fernando del Pino Calvo Sotelo, un informador independiente, aquí.

Si novedad en el frente

Resumiendo. Aunque en el conflicto de Ucrania, y en todos los demás, se siguen produciendo novedades, en la guerra de los medios de manipulación contra la población, no hay novedad en el frente. Todo sigue igual:

Unos medios corruptos, apesebrados, untados y envilecidos enviando consignas y propaganda, que no información, a una gran masa aborregada y lanar, que no es capaz de pensar por sí misma.

Y si mañana les dicen que hay ponerse una vacuna para parar la guerra de Ucrania ¡se la pondrán! ¡Vaya que si se la pondrán!

Esto, de momento es un meme. Ya veremos dentro de un tiempo.

Nueve ovejas y un chivo

Hay mucha relación entre todo esto de las plandemias y el mundo pecuario.

Por ejemplo, la terapia experimental la llaman «vacuna». Las vacunas reales las inventó Edward Jenner, contra la viruela. Observó que las personas que ordeñaban las vacas contraían la viruela de las vacas, mucho más leve. Pensó en inocular ese virus vaccinia, en personas, y, efectivamente, pasaban una enfermedad mucho más leve y luego quedaban inmunizados frente a la viruela humana, mucho más letal.

Como estas inoculaciones no actúan de ese modo, han tenido incluso que cambiar la definición de vacuna.

Luego tenemos las ovejas. Palabra que tiene muchos sinónimos: borrego, cordero, añojo, ternasco. Pero tienen esas palabras otras acepciones: apocado, necio, memo, tonto, infeliz, pusilánime. En resumen: «personas que obedecen ciegamente la voluntad de otros», dice el diccionario.

Famosa es la película «el silencio de los corderos», donde el caníbal habla de esos pobres seres callados, silenciosos, que van al matadero obedientemente.

¿Qué pasa con el chivo?

Procedente de la religión judía, en que un pobre chivo cargaba (expiaba) con los pecados del pueblo, es el término «chivo expiatorio», utilizado universalmente.

Un chivo expiatorio es la denominación que se le da a una persona o grupo de personas a quienes se quiere hacer culpables de algo con independencia de su inocencia, sirviendo así de excusa a los fines del inculpador.

De manera más específica, este apelativo se emplea para calificar a aquellos sobre quienes se aplica injustamente una acusación o condena para impedir que los auténticos responsables sean juzgados o para satisfacer la necesidad de condena ante la falta de culpables.

Esto está copiado de la Wikipedia pero es que, a veces, hasta la Wiki lo hace bien.

9 ovejas y un chivo

En España, en cifras redondas, de cada diez personas, 9 han sido clavadas y una no.

A los creadores de la plandemia les urge que no haya gente sin vacunar para evitar que haya un grupo de control que permita comparar los efectos del veneno entre los inoculados y los purasangres. Pero eso no lo pueden decir así de claro.

Y entonces surge el chivo expiatorio, el que tiene la culpa de todo: de que el virus se extienda, de que las «vacunas» no funcionen, de que la plandemia no se acabe, es el responsable de las «olas» y del asesinato de Kennedy.

Mensajes de odio

Del mismo modo que los judíos antiguos corrían a pedradas al chivo por el desierto, los medios de comunicación han recibido el encargo de «hacer la vida imposible» a los chivos expiatorios, llamarlos «asesinos», «insolidarios», «bebelejías», «estúpidos», y un sinfín más de mensajes de odio.

Las ovejas, como siempre, se lo creen todo.

Hay que recordar, una vez más, a Antonio Machado: «En España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa».

Habla pueblo, habla

Habla pueblo, habla es una canción de 1976, del grupo Vino Tinto, cuando España salía de una dictadura y daba paso a la democracia o, al menos, eso creíamos entonces.

En aquella época estaba muy bien visto que el pueblo hablase. La represión de la libertad de información, la libertad de expresión, la libertad incluso de pensamiento siempre ha estado en el manual de las dictaduras, de izquierdas o de derechas.

Te nombro cuando oscurece,
cuando nadie me ve:
escribo tu nombre
en las paredes de mi ciudad…

El verso anterior es un fragmento del poema «Yo te nombro, libertad» escrito por Paul Èluard en 1942 por la ocupación nazi de Francia. Hecho canción, fue popularizado por Nacha Guevara.

Ahora ya no está tan bien visto que el pueblo hable. Por eso se cierran cuentas de redes sociales, se insulta a los que opinan distinto, se evita que hablen los disidentes. Es una tarea compartida por fuerzas represoras de uniforme y furcias mediáticas.

Información al servicio del que pague

Furcias pagadas por los mismo dueños de las fábricas del veneno. Pero de eso escribiré otro día. Hoy quiero volver a las paredes.

Porque el «Habla pueblo, habla» como en cualquier dictadura que se precie, ha quedado de nuevo relegado a las paredes. Bueno, y a algún blog personal de esos que no ve ni el Tato, como este.

Habla pueblo, habla

¡Que hable el pueblo!

El flautista de Pfizerín

Esta es la modeRNA y terrible historia del flautista de Pfizerín.

Antes, cuando yo era niño, nos contaban cuentos para enseñarnos, educarnos y advertirnos. Así conocí, a través del cuento de Hamelín, las terribles consecuencias de la avaricia de unos padres que se negaron a pagar un contrato estipulado y perdieron a sus hijos.

Ahora, los cuentos son para atontarnos y manipularnos. Y nos dicen que las inyecciones son vacunas. En los propios álbumes de cromos infantiles de décadas anteriores, se explicaba que las vacunas son para evitar que contraigamos enfermedades.

El porqué de las cosas. Álbum de cromos de 1971.
Las vacunas verdaderas inmunizan

Hoy, las inoculaciones que llaman vacunas, no inmunizan. Lo dicen ellos mismos. Aunque al principio decían que sí. Luego dijeron que si contraís la enfermedad, era más leve. Y tampoco. Después dijeron que aunque la contrajeras, no morías. Y tampoco. Ahora estamos esperando que digan que, si mueres, vas al cielo. Bueno, no, que ellos no creen en esas cosas. Si te mueres, te j….

Al principio de todo, cuando sacaron los pinchazos dijeron que habría varios grupos que no se inocularían: niños, embarazadas, etc. Luego decidieron que sí, las embarazadas, que antes no podían tomarse ni un paracetamol, ahora debían inocularse un tratamiento experimental en proceso de estudio, con una gran cantidad de riesgos. Pero… como siempre, «los beneficios eran superiores a los riesgos.»

Y luego, le tocó a los niños. Esos niños, cuyo riesgo de morir por el bicho eran prácticamente 0%. Aquellos niños, que durante el año que estuvimos con plandemia y sin inoculaciones, no registraron ni muertes ni ingresos hospitalarios por el bicho. Pobres niños, sí.

Los niños, que, a partir de empezar las inoculaciones, aumentaron sus muertes un 44%.

Los niños, cuyas muertes han aumentado ya un 52%.

Datos oficiales de Reino Unido en enero de 2.022

¿Por qué insiste el flautista?

Entonces, si el riesgo de morir por el bicho era nulo y, en cambio, los efectos adversos son tan terribles ¿por qué esa insistencia en inocularlos? ¿por qué esas campañas mediáticas a favor de la masacre? Todo tiene su explicación. Hay que seguir, SIEMPRE, el trastro del dinero.

Robert Kennedy Jr., abogado y presidente de Children’s Health Defense lo explica en pocas palabras:

Robert Kennedy Jr., abogado, director de la Asociación para la Defensa de la Salud de los Niños.

Ay Manolo, que viene el protocolo

Protocolo. Era lo que aplicaban las SS en los campos de exterminio. Por eso, su justificación más recurrida cuando fueron juzgados en Nuremberb era «yo sólo cumplía órdenes». «Befehl ist Befehl» (órdenes son órdenes), argumentaban los nazis.

Pero luego los denominados «Principios de Nuremberg» ratificaron que actuar bajo las órdenes de un gobierno o de un superior no exime de la responsabilidad.

Yo sólo cumplía órdenes

La historia se repite con el protocolo

En la plandemia actual se ha aplicado y se están aplicando protocolos que, un día, serán juzgados.

Protocolo: Midazolam + morfina

Cuando haya unos segundos juicios de Nuremberg o Nuremberg 2.0, que empiezan a reclamar miles de personas por todo el mundo, no valdrá aquello de «órdenes son órdenes».

El asesino en serie.

Pero, mientras tanto, las víctimas siguen cayendo como moscas. ¡Ay Manolo, que viene el protocolo!