Disonancia cognitiva, le llaman

Cuando alguien tiene una idea profundamente arraigada, de cualquier tipo, pero especialmente se da con las políticas y religiosas, y se le confronta con una idea contraria o diferente, por muy bien argumentada y apoyada en pruebas de difícil reputación, lo habitual es que ni la escuche ni la acepte.

El siguiente es que es muy probable que intente burlarse de ella como arma defensiva, y recursa a clichés y eslóganes aprendidos como un loro. Esas personas no necesitan (ni quieren) conocer datos, ni investigar o estudiar para reafirmarse en su creencia. Es cierto que hace falta mucho, mucho, mucho coraje para aceptar que se ha vivido en un error y no se puede aceptar. Yo lo sé por experiencia propia.

Si finalmente se plantea a sí mismo aceptarlo, se crea una sensación sumamente desagradable a la que llaman Disonancia Cognitiva. Supone ir contra lo que se ha creído o supuesto hasta ahora, supone enfrentarse a amigos, familiares o correligionarios, que piensan de igual modo al que pensaba esta persona. Supone admitir que se ha vivido engañado, errado o estafado. Quizás un poco de tiempo o quizás casi una vida entera, como fue mi caso, unos 50 años. Es realmente muy duro.

Debido a que es tan duro se vuelve importantísimo proteger esa creencia fundamental y, automáticamente, se ignoran, se niegan y rechazan, a veces con cierto grado de violencia (normalmente verbal) todas las pruebas que se presenten al individuo. Se negará con excusas, a veces ridículas y absurdas, todo aquello que no encaje con su ideología.

Por eso es tan frecuente que se prefieran las mentiras reconfortantes a las verdades incómodas. Por la disonancia cognitiva.

Salir es casi tan difícil como salir de una secta o de la droga. Y sin ayuda, por sí solo, aún más. Pero se puede.

Pedrócrates

Siguen pasando días desde el apagón (blackout dicen los pijos) del 28 de abril pasado y seguimos sin saber los motivos.

Vamos, seguimos sin saberlos oficialmente, porque cada uno tiene su propia idea, y es tan válida como las demás. Eso es lo que tiene no dar explicaciones, que las cábalas son infinitas, aunque están muy mal vistas por las autoridades ya que los únicos que pueden lanzar bulos, mentiras y rumores son ellas.

El caso es que el gilidoors ha salido ya varias veces a dar explicaciones, porque le gusta mucho chupar cámara. Pero nunca dice nada. Habla y habla, dicen mucho ciudadanos y ciudadanas, apagones y apagonas, pero no tiene ni zorra idea. O, si la tiene, no la dice.

Tiene que ser muy duro, incluso para una cara de cemento armado (con ácido hialurónico, sí, pero de cemento de armado) decir unas semanas antes que en España nunca se podrá producir un apagón, que todos esos rumores que lo anunciaban eran bulos y de pronto… clic. A oscuras.

Sabíamos que era un gobierno con pocas luces. Pero tan pocas… Cogno, que se apagaron hasta los Gusiluz.

Lo que nunca podría pasar

Según el Doctor Cum Fraude y la presidente de Red Eléctrica, nunca podría haber un apagón en España porque teníamos la mejor red del mundo.

Pero, por esas cosas que pasan, seguro que por culpa del machismo, que subiría tres puntos en la escala de Richter o la resiliencia que se resintió un poco, el caso es que nos quedamos a oscuras.

La luz volvió, sí, gracias a las centrales nucleares francesas. Pero nosotros seguimos a oscuras.

Al menos tenemos el orgullo y honor de ser el único país del mundo (repito: el único del mundo) que se sigue oponiendo a la energía nuclear.

Que el símbolo de los sociatas sea un capullo no es casualidad.

Se van

Dice el rojerío o parte de esa hez que se va de Twitter porque, al haberlo comprado Elon Musk, ya no pueden hacer lo que quieran y putear a los que piensan distinto.

Muchos han elegido (eso dicen) Bluesky para ir a poner ahora sus cagaditas de rata.

La verdad es que lo dudo. Dudo más que Los Panchos de cualquier cosa que diga esta caterva de tontosdelglande pueda ser verdad.

Lo que hacen es llorar e intentar dar penica, que para eso se dan mucha maña.

¿De verdad se van? No lo creo.

Votontos, pero tantos…

Hay un 10% de la población mundial informándose de lo que ocurre a su alrededor.

Y un 90% viendo memes en el Whatsapp, la televisión y culpando a la extrema derecha hasta de la muerte de Manolete.

Golpes de estado, corrupción, traiciones, corrupción, mentiras, corrupción, torturas, ¿he dicho corrupción?, que no se me olvide, terrorismo, corrupción, asesinatos, corrupción, pistolerismo, no recuerdo si he dicho la corrupción, que es masiva, fraudes, corrupción, robos, corrupción, pucherazos… ah, sí, y mucha corrupción.

Da igual lo que hagan. Hay gente que seguirá votando lo mismo por:

  • Era lo que han votado siempre en su familia.
  • Todos son iguales.
  • Son los «nuestros».
  • Miran por el trabajador, no como la derecha.
  • Etc.

Votontos.

Tontos de capirote resilientes

Las modas cambian, el lenguaje también, pero la estupidez perdura.

Hace tiempo, la Inquisición obligaba a algunos que habían cometido (según ella, claro) ciertas faltas o pecados a llevar una especie de cucurucho en la cabeza para que la gente supiese de su falta y se burlase de él. Igual que los nazis ponían la estrella amarilla a los judíos o los covidianos querían marcar a los que no se habían vacunado, para su escarnio y limitar sus derechos.

Con el tiempo, se llamaba tonto de capirote a cualquiera que no fuese muy despierto. Cosas de niños y de colegios. Ahora ya han desaparecido los tontos de capirote. Aunque no los tontos, claro.

Y por aquello que decía que las modas y lenguaje cambian, ahora se utilizan palabras a barullo que vienen a salvar el planeta. Las puede encontrar en cualquier sitio, especialmente en la televisión, en la radio, en la prensa o cualquier medio de comunicación. Pero si no quiere molestarse, basta con que abra el frigorífico y se encontrará «cienes» y «cienes»: resiliente, inclusivo, sostenible, friendly, plural, paritario, reciclable, integral, etc.

Todo esto, que no sirve para salvar al planeta de nada, pero sí pero para quedar bien y sacar pasta al consumidor y, tendría un pasar si ese pobre consumidor tragase, pagase y a otra cosa. Pero lo malo es que la mayoría (que se va reduciendo, gracias a Dios) se lo cree.

Y se siente superhéroe defensor del planeta cuando ve que el tapón del yogur es de origen vegetal y que, además, ahora va pegado (incomodísimamente) a la botella, «para facilitar su reciclaje». Quizás no sepa que toda esa basura -que eso sí que es un problema y no el cO2- en lugar de reciclarse, como prometen, se manda en contenedores a países del tercer mundo. Y por allí andan esos tapones, unidos o no a la botella.

Y el consumidor, ese superhéroe anónimo, se siente feliz cuando lee resiliente aunque no sepa lo que es. Vamos que tiene capacidad de adaptación a una situación diferente.

Las cosas cambian, pero los tontos sobreviven. Tontos de capirote, pero resilientes.