Oxímoron por los suelos

Un imperdible perdido. Un oxímoron. Eso me encontré ayer en un paseo autorizado por la ley. Y es que antes se paseaba uno (ese uno soy yo, claro) cuando le apetecía o se lo permitían sus múltiples achaques. Y ahora es cuando los políticos quieren con sus ilegales estados de alarma.

Ahora la caminata es como los toros, con permiso de la autoridad y si el tiempo no lo impide.

Porque vivo en otro oxímoron llamado estado de alarma, que es un estado de derecho sin algunos derechos, en que los hunos, que mandan, se reúnen con los hotros, que quieren mandar, y pactan las limitaciones de mi libertad.

Esas libertades cambian más que el tiempo; cada 15 días me dicen si se prorrogan o han cambiado. Además, dentro de esas quincenas también son variables, según la hora, según la edad, según la localidad en que vivas, según lo que decida el delegado gubernamental de turno…

Es una democracia, sí, pero orgánica. Vamos, que es democracia dependiente de lo que le salga a alguien del órgano. Más oxímoron.

En la mitad de los 70 del pasado siglo, muchos soñábamos con que llegase la utopía de la democracia. No sabíamos que sería una utopía distópica.

El caso es que me he encontrado con que se había perdido un imperdible, y creo que es un símbolo de este tiempo que estoy viviendo, en que se han perdido derechos que eran imperdibles.

«Un oxímoron feliz» escribiría hoy Aldous Huxley.

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