A medida que van introduciéndose palabras nuevas (a veces de mala manera) en nuestra lengua, otras van desapareciendo.
Me da pena, porque algunas son muy bonitas.
De modo que voy a hacer un pequeño cementerio en mi blog, y les iré llevando flores. Así no desaparecerán del todo, mientras que hayamos algunos locos que las recuerden.
Me cansan los que no son capaces de leer más de 140 caracteres en twitter, y además no entienden lo que leen.
Me cansan los que le dan a «Me gusta» sin haber leído el artículo que hay enlazado a él y sin saber su contenido.
Me cansa la superficialidad de los que prefieren no saber, no oír, no ver.
Me cansan los que se ofenden porque hagas visible algo desagradable que está pasando, pero no se ofenden porque esté pasando, sino porque tú lo manifiestes.
Me cansa tanta hipocresía.
Y me cansan las exigencias
Y sobre todo me cansa los que, después de todo eso, te exijan las fuentes de donde obtienes la información.
Pese a los recientes descubrimientos de la NASA y un sistema solar con posibilidades de vida, no nos podemos trasladar a Trappist-1 por ahora. Y quizás, cuando podamos, ya estemos muertos. No hay planeta B, de modo que volvamos al plan A. Salvar la Tierra.
Cuando lo visité la última vez aún no tenía conocimiento de todo este macabro asunto, pero de entre las fotos que tomé había una, ésta, que me hizo pensar en el título que he dado a la entrada, recordando la excelente película de Daniel Sánchez Arévalo «AzulOscuroCasiNegro«
Como dije al principio, me parece muy bonito e imponente, pero ya no me apetece volver allí. La energía que se concentra en ese lugar es algo oscuro, casi negro.
A los bañistas les acecha ya un peligro que ni el propio Spielberg pudo imaginar en 1975, cuando arrasó en las pantallas con «Jaws» (en España, Tiburón).
El tiburón actual
El «tiburón» actual es mucho más mortífero que el de Spielberg porque este no amenaza a unos bañistas despistados de una bahía, sino al planeta entero.