La caraba

En un paseo por donde estuvo la casa de mi infancia y donde hoy ya no hay absolutamente nada, salvo algunas basuras sueltas, me encontré este viejo arado. Recordé entonces el origen de la expresión «ser la caraba».

Dicen que en una humilde feria había una barraca donde se anunciaba la presencia en su interior de un ser extraño, fabuloso, misterioso… En el exterior, el charlatán correspondiente llamaba al público y cobraba las entradas para ver aquel maravilloso ser: La Caraba. 

Luego resultó ser una simple y anciana mula, bastante decrépita y derrengada. La justificación del charlatán al indignado público, para no tener que devolver el dinero porque no había engañado, es que era eso: la c’araba, ahora ya no araba, eso era antes, cuando era joven.

Supongo que será una leyenda sin base real detrás. A la primera ocasión, el charlatán habría acabado en la acequia más cercana, supongo. Pero bueno, el caso es que esta herramienta que fotografié sí que era «la c’araba».

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