Ofendiditos

Dice una famosa leyenda que, hace mucho tiempo, una ardilla podía viajar por España de los Pirineos a Gibraltar saltando de rama en rama, sin tocar el suelo.

Hoy no podría hacerlo con árboles, pero sí que podría saltando sobre las cabezas de los ofendidos.

No hay otro país que tenga mayor cantidad de ofendidos por metro cuadrado.

No tengo cifras estadísticas que lo digan; el dato me lo he inventado, como hacen los modernos comunicadores o creadores de opinión, pero me vale para seguir mi argumentación.

Hay gente se ofende por todo, absolutamente por todo.

ofendidito

Si escribo una entrada del blog sobre algún personaje conocido, raro será que alguien no se moleste porque no le he dado el enfoque que él creía que debía tener, o porque no he citado o sí he citado a alguien que debía aparecer, o lo he citado en términos inadecuados, o… vaya usted a saber.

Si escribiese un relato sobre un asesino y el personaje fuese homosexual, se ofenderían los homosexuales, o si fuese taxista, se molestarían los taxistas, y si fuese coleccionista de sellos pondrían el grito en el cielo los filatélicos.

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Pero no es problema lo que ponga o cite; también lo es lo que no ponga o no cite. Están los que se ofenden si no aparecen negros.

Hay que establecer cuotas y que aparezcan negros, amarillos, cobrizos, altos, bajos, gordos, homosexuales, heteros, gitanos, payos, discapacitados…

Y luego están los que se ofenden por cómo lo diga. No debo decir negro, sino afroamericano, como hacen los yanquis (uy, a lo peor no puedo decir yanqui), o debo decir subsahariano.

Por supuesto, no debo decir moro, sino magrebí.

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Y da igual que explique que lo importante es la intención que tenga o no de ofender. Porque la palabra negro no es ofensiva salvo para los que ven fuera lo que llevan dentro. ¿Hay que decir morenito? ¿Así sí está bien?

Y el que moro venga de maurus, por Mauritania, como llamaban los romanos al norte de África da igual. No lo diré o alguien se ofenderá. Y es que aunque no tengas la más mínima intención de molestar a nadie, lo voy a hacer, seguro. Y si llego al campo médico, en menudo lío me meto.

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Tenía un amigo, (yo creía que gran amigo aunque luego resultó ser solo un conocido), que es diabético y además presidía una asociación de diabéticos.

Siempre me decía que no dijese enfermos porque la diabetes no les impide llevar una vida normal. Hasta que un día tuvimos que llevar la discusión-negociación hasta el final.

Veamos, la diabetes según la RAE es una “enfermedad metabólica etc. etc.” y un enfermo, también según la RAE es el “que padece una enfermedad”.

Luego un diabético es un enfermo, independientemente de que su vida sea perfectamente normal y esté capacitado para lo que haga falta. Lo demás son ganas de complicar la vida a los otros.

Vamos arrinconando al idioma, impidiendo utilizarlo libremente y todo es por culpa de la dichosa intencionalidad que le dan algunos a las palabras.

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Por ejemplo, antes, “imbécil” era un término médico, para definir un determinado nivel de capacidad intelectual.

A fuerza de utilizarlo en términos despectivos por parte de algunos se convirtió en un mero insulto y hoy no puede utilizarse de forma aséptica e inocua.

Algo parecido ocurrió con el término “subnormal”; cuando yo era pequeño se utilizaba para designar a una persona que tuviese una capacidad intelectual inferior a la normal, por ejemplo.

Y de ahí el término, sub-normal: por debajo de lo normal. Incluso había asociaciones que incluían el término en su razón social y eran los propios interesados los que se llamaban así, por lo que difícilmente podrían hacerlo con ánimo ofensivo.

No diré el nombre de ninguna asociación de las que están en este caso, por si se ofende.

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Pero… empezó a utilizarse con ánimo de ofender por parte de unos pocos, y los ofendidos (que muchas veces no son ni los propios interesados) lograron que se condenase la palabra.

Y entonces se sustituyó por “minusválidos”. En aquel momento pareció bien y empezó a ocupar el sitio de la apestada “subnormal”. Pero claro… “menos válido” eso también suena mal ¿menos válido por qué? ¿menos válido que quién? Uyuyuy, qué mal rollo. Nuevos ofendidos.

Busca palabra nueva… ¡ya está: “discapacitado”! Bueno, pues en esas estamos, aceptada por ahora… ¿hasta cuándo? ¿discapacitado para qué? puedo no ser capaz de unas cosas, pero soy muy capaz para otras, incluso más capaz que otros que no están catalogados como discapacitados.

Cuando se abra la veda para la palabra “discapacitado”, que se abrirá, ¿qué buscaremos entonces? Algunos ya están utilizando el término “especial” para designar a una persona así.

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Es todo cuestión de hipocresía. Es el mundo progre, el de lo políticamente correcto, pero hablando de las apariencias, claro, no de realidades.

Nos ofendemos por los términos moro, o negro, pero no nos ofende tanto el que se releguen a condiciones inhumanas, trabajando por cuatro euros en invernaderos a más de 40º de temperatura, hacinados en barracones, sin derechos, sin papeles. Eso es mucho más tolerable. Parece.

Y es que en realidad no hay tantos ofendidos. Son ofendiditos. Ofendidos, pero poquito. Lo de mostrar esa indignación saliendo a la calle y reclamar los derechos perdidos, como que no.

Otra cosa es salir a recibir al equipo de fútbol que ha ganado el campeonato de liga, o de copa, o copa y puro. Entonces habrá miles de entusiastas.

O hacer una quedada para cazar pokémons (o pokemones, que parece que se dice ahora). También podemos ir a recibir a la tonadillera que sale de permiso carcelario por robarnos a todos, y mostrarle nuestra simpatía y apoyo. Pobrecica.

O podemos ir acompañando al futbolista ladrón cuando va a declarar al juzgado para que no se sienta solo. Que es nuestro ídolo, por dios. Y qué más da que esté estafando con sus impuestos, que nos importa que ese dinero repercuta en más recortes de sanidad o educación para nuestros hijos, si marca muchos goles el jodío. Pobrecico.

Y cuando lo condenen, vamos a hacer una campaña con un hastag que diga que todos somos él. Para que no se vaya a sentir triste y se vaya a otro sitio. Todos somos delincuentes como él ¿verdad?.

Por cierto que, de nuevo recurriendo a la RAE: delincuente es el que delinque. Delinquir es cometer delito. Y hablo de gente que ha cometido delitos y han sido condenados en firme por ello, o sea, que son delincuentes. Espero que no se ofenda nadie porque hablo en román paladino.

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Ahora, eso sí, como alguien no se sume a la campaña de “Todos somos chorizos” o como alguien la critique, nos vamos a ofender mucho. Vamos a estar muy ofendidos. Porque en estas cosas sí que estamos ofendidos.

En cuestión de libertades, derechos, salud, educación, manipulación informativa, etc. no estamos ofendidos. Solo ofendiditos.

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