Los que ya sean mayores, como yo, y le gustasen los tebeos; o a los muy especializados en cómics, como se dice ahora, recordarán al Gran Visir Iznogud.
La pandilla la formaban tres personajes. El principal era el Infame Iznogud, Gran Visir (que estaba obsesionado por «ser califa en lugar del califa»), el citado Califa Haroun el Pussah (jefazo, cuyo trono deseaba el innoble Iznogud) y Dilá Lará, el fiel siervo del Gran Visir.
Iznogud Iglesias, Dilá Lará Garzón y Haroun El Sánchez
Aquella serie de historietas francesas, que transcurría en Bagdad, en la época más gloriosa del islam, se inició en 1962, con guión de Renné Goscinny -el mismo que de Astérix- y dibujos de Jean Tabary.
Si no estoy equivocado, se publicó hasta el fallecimiento de Tabary en 2011, aunque el guionista original, Goscinny había muerto ya en 1977.
Ínsua contra los fantasmas. Descubrí a Pedro en un artículo de prensa, en que me llamaba la atención que un tipo de izquierdas defendiese la unidad nacional, algo igual de difícil de encontrar que un trébol de cuatro hojas.
Su apellido, Ínsua, deriva de ínsula (isla) y quizás sea una premonición, ya que los que reivindican nuestro pasado brillante en clave izquierdista son pequeñas islas en un océano inmenso de derechas. Es profesor de filosofía.
Luego fui viendo algunas charlas suyas en Youtube, así como intervenciones en televisión. Supe así que pertenece a la escuela de materialismo filosófico de Gustavo Bueno.
Me he hecho «insuísta», algo que no existe, creo. Vamos, que me cae bien y lo sigo en la medida que me es posible.
No le gusta Vox, lo cual es perfectamente respetable. Pero parece que tiene alguna fijación con ellos, ya que cada vez que entro en Facebook encuentro un ataque suyo al partido de Abascal.
Caricatura de Ínsua contra los fantasmas
Como suele ser habitual en mí cuando algo me hace tilín, se me despertaron las ganas de hacerle una caricatura. Y aquí está.
Insúa contra los fantasmas.
Ahora, marzo de 2019, ha sacado un nuevo libro, sobre la vuelta al mundo de Magallanes y Elcano, aprovechando el quinto centenario de la gesta. Se titula «El orbe a sus pies«.
Yo ya lo tengo, pero aún no lo he podido leer. Padezco esa afección o enfermedad que los japoneses llaman Tsundoku y que hace que compres más libros de los que puedes leer.
Son ya muchos los que sé que no podré leer. Moriré antes. Sólo con los que tengo ya me llegará la parca antes de que los termine, y aún así, sigo comprando.
Volviendo al de Ínsua, Yo, de vosotros, lo compraría. Tengáis Tsundoku o no.
Según la presunta humorista Eva Hache, los que fuimos con la bandera de nuestra nación a pedir elecciones, sí, somos unos mierdas.
La supuesta humorista ha sido, además, hipotética periodista, y en La Secta ha hecho entrevistas-masaje, como la de Zapatero en 2011.
Hubo también quien la defendió, como el presentador con tirantes en cuyo programa se suenan los mocos con la bandera. Esa misma que llevaban los «mierdas».
Por tanto, será verdad.
Si el experto en banderas ultrajadas dice que no insultó a nadie, es porque el que seamos unos mierdas no es un insulto, sino un simple adjetivo.
Paco Pérez Abellán. Sigo con mi manía de hacer, a modo de homenaje, caricaturas a la gente que no conozco personalmente pero me cae bien y tengo algo que agradecerle: noticias, diversión, información, etc.
Paco Pérez Abellán, nuevo cromo en la colección de Cuarto Milenio
Precisamente es el padre de éste último, Francisco Pérez Abellán, el que traigo aquí para agradecerle la mucha información que he acumulado leyéndole y escuchándole.
Cuando incluí a su hijo en mi colección de agradecimientos, le llamé, cariñosamente, claro, cazafantasmas.
El padre es otro cazador, en este caso de criminales y de crímenes famosos. Tiene ya muchos libros publicados sobre esta materia, y he leído casi todos.
Pero el que más me atrae, por su temática, es el último «El vicio español del magnicidio». Y ese, he de confesarlo, aún no lo tengo.
He oído a casi todos los políticos, por no decir todos, decir que «no se puede legislar en caliente» tras algún delito de gran alcance mediático para luego decir, en el siguiente caso, que hay que introducir cambios y hay que hacerlo ya.
Catalá, al sol que legisle más caliente
Todo ello parece que depende de múltiples circunstancias. Una de ellas apunta a ser la marcha de las encuestas, y cuando se pierde el favor de la calle, se sumerge uno en el populismo y dice aquello que las masas quieren oír.