De vikingos y cuernos

Las relaciones tradicionales o folclóricas de los vikingos con los cuernos son muy estrechas, pero, de las dos principales que hay, una es falsa y la otra no está muy claro que sea cierta.

La primera es la de la presencia de cuernos en los cascos. Esa es completamente falsa.

Nunca llevaron cuernos en sus cascos y yelmos. Está totalmente comprobado por los útiles encontrados en enterramientos y otros restos excavados.

Ni un solo caso vikingo llevaba cuernos. Entonces ¿de dónde viene esa creencia?

Vikingos-y-cuernos

Inicialmente, allá por 1820, August Malmström, pintor sueco, ilustró el poema épico Frithiof’s Saga y, para dar mayor ferocidad y agresividad a aquellos terribles guerreros del norte, añadió cuernos a sus cascos.

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Un país con graves pérdidas de memoria

No sé si vamos a terceras elecciones o habrá investidura pero, en realidad, me importa poco.

Lo que me importa es la actitud general del país. Y sigue siendo el mismo que tiene Dory, el simpático pez amigo de Nemo.

Un país desmemoriado.
Un país desmemoriado.

Complemento 2020

Han pasado unos años desde que hice este post y la situación ha ido a peor, a mucho peor. Gobierna el Frente Popular otra vez, como en 1936, estamos ante una crisis económica y social desconocidas desde la guerra civil y la gente parece que no se entera. Sigue con memoria de pez.

Ayer vi un video del gran periodista y escritor Chani Pérez Henares que hablaba de esa memoria de pez. Y no me resisto a compartir sus sabias y sensatas palabras.

Chani: una España con memoria de pez

666 El número de la bestia

666 El número de la bestia. Lo has oído y lo has dicho, seguro.

¿Padeces de trihexafobia?

Quizás sí, y no lo sabes. Ese nombre tan raro, trihexafobia, en realidad lo es aún más, ya que la palabra real, completita, es hexacosioihexekontahexafobia.

Sirve para designar el problema que tienen (o tenéis) aquellos que padecen de un miedo insuperable e irracional, o sea, fobia, al número 666. 

En realidad, aquí es todo muy raro, no solo la palabreja. Veámoslo poco a poco.

Si uno dice en cualquier conversación cotidiana “seiscientos sesenta y seis” pronto habrá cerca algún informado que dirá “¡el número de la bestia!”, (o el del diablo, o del anticristo…)

Y si su información es de luxe, además sabrá que así aparece citado en la Biblia, más específicamente en el Apocalipsis, 13:18, cuando dice: “Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis”.

Ya está. Todo claro ¿no?

el numero de la bestia

No está todo tan claro

Pues no. Para unos es la marca de la bestia pero, para otros, es la marca del nombre de la bestia.

O sea, que ese número representa el nombre de alguien. Entonces ¿quién es la bestia?

Aquí es donde la historia se complica. La biblia se escribió, se supone, en hebreo, pero la versión más antigua que se conoce es una traducción en griego.

Para hacerlo más complicado, el hebreo no tiene vocales, y ni el hebreo ni el griego tenían números, sino que sus letras también eran números.

Por ejemplo, la primera griega, la alpha, esa que quieren ser todos los machos, incluidos algunos políticos populistas, es también el número 1.

Y para terminar de «arreglarlo» todo, los números romanos también son letras, aunque eso vendrá después.

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