Adiós, Jueves, adiós

Comencé a comprar El Jueves desde su inicio allá por 1976, creo recordar. Y no solamente la compraba, sino que también la encuadernaba y conservaba. ¡Cuánto tiempo y dinero invertido, sí señor!

Y cuántas risas, con tanto ingenio, por parte de Ivá, Óscar, Perich, Gin, y tantos más. Era una revista de izquierdas, claro, como yo, y tenía el sesgo inevitable, pero era una revista de humor, y le disparaba a todo lo que se movía.

El Jueves, al vertedero

Con el tiempo fueron desapareciendo aquellos grandes del humor. Ley de vida. Y llegaron otros, pero que ya no eran ni dibujantes (aunque dibujan) ni humoristas (aunque a veces -sólo a veces- tengan alguna chispa), eran y son activistas.

2030 ¿La solución final?

Hay unos organismos supranacionales, que no ha votado nadie (FMI, ONU, BM, etc.) que han decidido que en 2030 se acabarán nuestros problemas, los de todos, los del mundo.

Agenda 2030 – La solución final

También hay individuos, a título personal, que se han sumado entusiásticamente a esta solución final: Bill Gates, George Soros, Kissinger, etc.

Y llevan dando la matraca hace ya mucho tiempo que una de la causa de los problemas es el exceso de población. Hay que reducirla, y mucho.

Isabel II, kaiser de Inglaterra

¿Sabías que la familia real británica se cambió el apellido durante la I Guerra Mundial? Eso ocurrió porque son de origen alemán y quedaba feo que el país en que reinan estuviese en guerra con su país de origen.

El príncipe alemán Ernesto Augusto de Hannover se casó con una nieta de Jacobo I de Inglaterra. Jorge I, hijo de ambos, empezó a reinar en Gran Bretaña en 1714. El apellido ya era Brunswick-Hannover, pero es que años después, la famosa reina Victoria se casó con el príncipe alemán Alberto, de otro linaje distinto. Y entonces ya hubo que añadir a los anteriores los de Sajonia-Coburgo-Gotha.

Cuando estalló la Gran Guerra, la de 1914, y se enfrentaron -entre otros muchos- Inglaterra y Alemania, el rey inglés Jorge V pensó que quedaban aquellos apellidos inconvenientemente germanos. Y de un plumazo pasaron a llamarse Windsor, que es el lugar donde se ubicaba el castillo real y quedaba mucho más inglés.

La inquisición globalista

La Inquisición religiosa, por si alguien no lo sabe (¡qué cosas tengo!) era un tribunal eclesiástico dedicado a la supresión de la herejía que inquiría y castigaba los delitos contra la fe.

Sobre la Inquisición, especialmente la española, hay una leyenda más negra que el carbón, pese a ser la que menos personas ejecutó y ser una de las que más tarde se constituyeron. Pero no es ese el tema de esta entrada del blog, sino de la Moderna Inquisición.

La Inquisición Globalista
Recortar, tachar, suprimir… la moderna Doctrina de la Cancelación ha empezado.

La Inquisición antigua, mejor o peor, era un tribunal y tenía unos criterios, buenos o malos, emitían sentencias, justas o injustas. Ahora ya no hay tal, sólo unas personas anónimas que, sin criterio claro, y ante el que no se puede apelar, suprime opiniones, cierra cuentas, cancela programas, condena a agentes sociales y hace lo que le sale de los cataplines.

Y siempre siguiendo los intereses de sus poderosos señores. Que nunca dan la cara, pero que se sabe quienes son y qué pretenden.

Entre un conde y un marqués

Paseaba una noche el marqués entre geranios y azaleas del jardín de su casoplón, no por espíritu romántico, sino por revisar el trabajo del jardinero. Como aquel tiñalpa proletario no hiciese bien las cosas, lo pondría de patitas en la calle.

De repente, de entre caléndulas y camelias, apareció un elegante personaje, con capa y todo.

El dibujo del vampiro es una imitación de mi admirado Raf.-
Diálogo entre un conde y un marqués
  • ¡Ostras! ¿quién eres tú?
  • Tranquilo, marqués, soy noble, como tú… ¡soy el conde Drácula!
  • ¿Y cómo te han dejado pasar los cincuenta picoletos que me protegen?
  • ¡Hombre! No he llegado con mi forma humana, claro. A los murciélagos y vampiros no nos detienen. Todavía.
  • ¿Y qué quieres? ¡No vendrás a cantarme por Manolo Escobar! ¡Que te pongo una denuncia que te baldo!
  • No, marqués, no. Vengo a buscar trabajo, que ando un poco canino últimamente.
  • Pues yo pago poco y mal, además el servicio lo tengo cubierto. Si quieres te puedo poner en la lista de espera de las paguitas…
  • No me has entendido. Yo quiero que me incluyas en las listas de tu candidatura próxima. A ver si puedo entrar a trincar.
  • No sé yo si tu perfil encaja bien con nosotros. Se te ve muy antiguo y fino.
  • Mira, si es por el aspecto me puedo poner vaqueros y dejarme rastas, pero yo me prefiero a mis habilidades. En tus listas hay o ha habido pederastas, explotadores sexuales, traficantes de drogas, asesinos, terroristas, agresores, injuriadores, calumniadores, malversadores, corruptos, defraudadores a la seguridad social,… en fin, casi de todo. Pero, que yo sepa, vampiros no tenéis.
  • Te equivocas, conde, te equivocas. Si de algo tenemos de sobra es quien viva chupando la sangre a los demás.

Al conde se les transfiguró la cara en un rictus de rabia, se convirtió en murciélago y salió volando por encima del muro.

El marqués sacó el móvil y dijo «Voy a llamar al ministro para que me instale también una red antivampiros»…

Mascarillas en la playa

Nuestro queridísimo gobierno ha dictaminado ahora una nueva ley por la que estamos obligados a llevar mascarilla aunque estemos en un lugar apartado y en soledad, ya sea en medio del desierto o en la cima del Everest.

Si fuese por cuestiones de salud o prevención esto sería inútil y absurdo, pero se trata de adiestramiento y obediencia, igual que hacen (o hacían) los domadores en los circos.

Hay que decirle a los bichejos quién es el amo y acostumbrarlos a obedecer. Un collar, un bozal, una mascarilla… todo eso ayuda.

El caso es que las mascarillas ya son obligatorias en las playas. Y como sigue estando autorizado el topless y el nudismo, nos podemos encontrar cosas tan estrambóticas como esta.